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Víctima colateral

Estoy, como la inmensa mayoría de los españoles, compungido por el tremendo dolor que provoca una tragedia como la ocurrida hoy en el Aeropuerto de Madrid - Barajas. El elevadísimo número de víctimas hace que presenciemos con horror lo sucedido. Es difícil de creer, y para los damnificados mucho más, de no ser por el inexorable peso de la tragedia y la inevitabilidad de la pérdida. Durante los próximos días, para todos, las víctimas serán cercanas.

Hay, sin embargo, otras víctimas, consecuencia de otros sucesos, a las que quizás no se presta la debida atención. Es el caso del profesor Neira, don Jesús, doliente en un hospital madrileño, al que la violencia machista le ha elegido, según dicen algunos, como víctima colateral. El profesor ha sido agredido doblemente, primero por el canalla que le ha colocado al borde de la muerte, el matón Antonio Puerta, y poco después por la víctima de éste, que le ha echado en cara que saliera en su defensa. Por el camino, responsables políticos de primer orden han ensalzado la actuación caballeresca de don Jesús, animando al tiempo a la ciudadanía a seguir su ejemplo pero, eso sí, sin poner de su parte los medios necesarios para terminar, de una vez por todas, con esas situaciones de violencia que, demasiadas veces, se producen en la más absoluta impunidad.

No puedo por más que resaltar los valores ciudadanos de un valiente como Jesús Neira. Pero tampoco puedo dejar de pensar que seguir su ejemplo es, hoy por hoy, demasiado peligroso. Y lo digo desde la sospecha de que muchos de los lectores, en situaciones parecidas, tal vez hubieran seguido su ejemplo. Y también con el convencimiento de que muchas de las situaciones violentas que se viven cotidianamente nacen de la indiferencia, tanto de los políticos como de la mayor parte de la ciudadanía.

A don Jesús, mi admiración y respeto, junto con el deseo de que se reponga cuanto antes y recobre su salud. Al matón de Puerta, mi desprecio absoluto. A los responsables políticos, que dejen de aprovechar estas ocasiones para ahondar en la demagogia y pongan manos a la obra, de verdad, para acabar con esta lacra.

Matías Alonso

Bilateralismo y unidad nacional

Algunos piensan, y puede que con razón, que el mayor error del proceso de transición que trajo de nuevo la democracia a España fue no dar por buenos, sin más, los estatutos autonómicos de Cataluña, País Vasco y Galicia que, en mayor o menor medida, estuvieron vigentes durante la II República. Parece que en la segunda mitad de los 70 del pasado siglo no se veía con buenos ojos la posibilidad de aprobar normas que fueron ley durante la República. Se prefería hacer tabla rasa y renegociar la autonomía de las que se dieron en llamar nacionalidades históricas.

Probablemente este hecho haya conducido a un estado de reivindicación que hubiera quedado desarmado si, desde el principio, se hubieran reconocido los mismos derechos que se venían reclamando por los nacionalistas desde el exilio. Los nuevos estatutos, nacidos al amparo de la Constitución de 1978, eran muchísimo más descentralizadores que sus homónimos republicanos. Pero vinieron acompañados de café para todos. La conjunción de que los estatutos eran fruto de un proceso renegociador que se produjo en un período de renacer de la democracia, en el que se veía a algunos menos legitimados por su anterior pertenencia al que se llamó Movimiento Nacional y otros reclamaban para sí una representatividad de la que realmente carecían, junto con la magnanimidad constitucional de ofrecer la posibilidad de alcanzar idénticas cotas de autogobierno a regiones sin el necesario pedigrí, ha sido, a la postre, nefasto para el sistema.

Al bilateralismo acreedor de Navarra y País Vasco se ha sumado, por la vía del nou Estatut de 2006, la reivindicación de Cataluña. Las promesas de Rodríguez Zapatero, cuando pensaba que nunca se vería obligado a cumplirlas, y la determinación del PSC de Montilla de ser más nacionalista que CiU y ERC juntos, nos aboca a un enfrentamiento entre territorios que será vílmente azuzado por meros intereses partidistas. La unidad nacional que propugna la Constitución se diluye fruto del enfrentamiento artificioso alentado por unos y permitido por otros. En Cataluña, de momento, parece que vamos hacia la unidad nacionalista, liderada por la marca blanca del PSOE.

En el Parlamento de Cataluña, durante este proceso reivindicativo a caballo de las balanzas fiscales, vistas sólo desde la óptica territorial, ha habido una única voz coherente: Ciutadans - Partido de la Ciudadanía se opuso al nuevo estatuto antes de su aprobación en referéndum, y sigue desmarcándose de los actos unitarios que, en defensa de sus propios intereses, convocan los partidos políticos “catalanes”.

Respecto al PP, yo no se y ellos no contestan.

Matías Alonso

Broken Heart

¡Qué le vamos a hacer! Soy culé. Aunque debo reconocer que cada día me cuesta más, mi afición por los colores blaugranas se remonta a la época de Ramallets, Koksis, Kubala, Segarra, Gensana…, y se afianzó en unos tiempos en los que se decía del Barça que era más que un club, pero sólo en términos deportivos, sin fijar el acento en la carga política que hoy se le da a la expresión. A lo largo de los años, el FC Barcelona se ha mantenido al margen de polémicas de índole estríctamente político, pese al afán de muchos de los políticos catalanes de hacer del club una herramienta para su política. Pero llegó Laporta. Con Jan en el palco el cambio fue brutal y el  presidente de la principal entidad deportiva de Cataluña tomó posesión al grito de Visca Catalunya lliure! Laporta jugando a independentista radical.

Ahora ha tenido ocasión de reafirmarse en su visión del Barça como una entidad en la que el algo más que un club lo convierte en una herramienta al servicio de la política nacionalista a ultranza. Y quien paga los platos rotos es una empresa privada, alemana, que ha tenido la osadía de hacer oídos sordos al intento de intromisión nacionalista en su política empresarial. Air Berlin no puede transportar al Barça a Chicago porque no ha pasado por el tubo… ese tubo por el que Jan Laporta quiere hacer pasar a toda su afición.

Hoy, una vez más, Laporta siembra la división en su afición, toda su afición, primando su voluntad de medrar en la política sobre su obligación de ceñirse estríctamente al mandato recibido como presidente de la entidad blaugrana. Tal vez no sea motivo de que se te rompa el corazón… pero es más que suficiente para mostrar la más profunda indignación.

Matías Alonso

UME, AUME, Alange…

La UME, creación de la anterior legislatura, se ha estrenado en misiones de rescate. Hasta ahora había intervenido en situaciones de fuego real, ayudando a la extinción de incendios. Ahora, siguiendo el guión establecido (en el spot publicitario del Día de las Fuerzas Armadas), se han estrenado en misiones de rescate de elevado riesgo. No está mal, como reclamo. Y poco importa que sea así: ¡Ojalá no tengan que intervenir nunca!

Pero no es nada la anécdota si se compara con el agravio comparativo que denuncian los miembros de la AUME: No todas pueden ser Carmen Chacón. Ya se sabe que es más fácil la conciliación cuando se es ministra. Las autoridades de Defensa deberán aplicarse. No son pocas ya las mujeres que sirven en las Fuerzas Armadas. Puede que sea el momento de aplicar la doctrina que ejemplifica doña Carmen.

El pasado domingo, día 25 de mayo, el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de España se ha dado un minibaño de multitudes en el pueblo natal de su abuelo paterno, Alange (Badajoz). En los mentideros se comenta que hasta el mitin de Badajoz, durante la última campaña electoral, no se había acordado demasiado. Haberse acordado, según cuentan, ha tenido un coste de casi 230.000 euros, aunque no deben ser a costa del superávit. La fiesta, que se había montado para unos 10.000, ha reunido a una cantidad de adeptos que casi alcanzó la mitad de lo previsto. La dehesa, retocada (tocones de encina incluidos). Los manifestantes ecologistas, que le esperaban a la puerta del ayuntamiento, burlados. Es fácil…, se cambia la agenda y, voilà!

Y entre tanto, el PP no sabe, no contesta. Es lo que tienen los congresos, aunque sean ordinarios y se produzcan tras el mejor resultado electoral, cuantitativamente hablando, de la historia. De poco le ha servido conseguir un resultado que, de haber sido unas elecciones normales, sin el canibalismo del PSOE a prácticamente todo su entorno radicalizado, el PP hubiera ganado por más de medio millón de votos.

No es de extrañar que en Ferraz estén tan eufóricos. Les podrían crecer los enanos, coyuntura económica incluida. Pero el desbarajuste opositor les está allanando el camino, al tiempo que le sigue poniendo sordina a la crisis. What crisis?

Matías Alonso

La memoria incómoda

El Parlament de Catalunya ha sido este jueves día 8 de mayo, una vez más, testigo mudo, con luz y taquígrafos, de la negación de la memoria, cuando ésta es incómoda. ERC ha rehusado estampar su firma en la propuesta elevada a la mesa de la cámara catalana, presidida por el republicano Ernest Benach, por Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía (C’s), para que desde la mesa se leyera una nota de alabanza al trabajo del ex presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, recientemente fallecido, que tuvo que lidiar una situación difícil durante el período político que todos recordamos como la Transición.

La portavoz de Esquerra, Anna Simó, se ha negado en redondo a firmar un documento, moderado, neutro e institucional, fácilmente asumido por los demás partidos, porque, en palabras de Albert Rivera, portavoz de C’s, los independentistas catalanes sienten “incomodidad” ante un período de la Historia de España que será recordado como ejemplar por las generaciones futuras. Dice Rivera que “parece que se quiere cambiar la realidad de aquella época, que en realidad estuvo marcada por el acuerdo entre los españoles. Determinadas opciones políticas no quieren acordarse de la Transición”.

Lamentablemente, algunos políticos que basan su acción estríctamente en la confrontación y en la demagogia, como es el caso de los republicanos catalanes, sólo tienen memoria para una parte de la historia, negando por completo cualquier verosimilitud a la otra parte. Y así nos va.

Matías Alonso

La realidad distorsionada

Hemos de acostumbrarnos. Nos guste o no, la realidad se distorsiona de continuo. Ayer se cumplió un triste aniversario, otro más, sembrado de destrucción y muerte tras cinco años de invasión, guerra y caos (más del esperado) en Irak. El principal instigador sigue en su papel de mantenella y no enmendalla. No nos debe extrañar, porque es habitual en la visión sesgada del mundo que tienen los estadounidenses. El avalista principal, entonces, en 2003, en la UE era el que fue nuestro presidente del Gobierno, José María Aznar. Él también demuestra su empecinamiento y se mantiene firme en la defensa de su posición favorable a la intervención armada pese a la obviedad de que las premisas eran, cuando menos, falsas.

En este maremágnum de distorsión también quedan retratados otros. Es el caso de la inefable Cadena SER, que en su página web pasa como de puntillas por la efemérides manipulando la famosa “foto de las Azores”. Es curioso, por lo reiterativo, comprobar que la emisora del régimen (una más entre el sinnúmero de las afectas) está dispuesta a manipular hasta la realidad conocida, por vista hasta la saciedad.

Triste sino el del ciudadano medio, expuesto como está a la manipulación continua. Triste, mucho más triste, la situación de caos generada en Irak por la miopía crónica de occidente. Pero, no lo olvidemos, el desenfoque de la realidad, la distorsión con que percibimos lo que debería ser evidente, nos es consustancial. Sólo así se explica que muchos sigan sin reconocer errores, incluso reafirmándose en sus decisiones cuando se han visto las nefastas consecuencias. Sólo así podemos explicar, también, el error cometido por parte de la UE y por los propios EEUU en la ¿resolución? del conflicto de Kosovo. En su papel de policías del mundo, los dirigentes occidentales ejercen de bomberos pero las cubas van llenas de gasolina.

Matías Alonso

Luto en Mondragón

Lazo negroNos lo temíamos, y se ha consumado. La banda terrorista y asesina vasca ha irrumpido en la campaña electoral del modo en que sabe hacerlo: matando. Este mediodía, en presencia de su esposa y de una de sus hijas, un pistolero etarra ha asesinado por la espalda a Isaías Carrasco, ex concejal del PSE-PSOE en Mondragón, a las puertas de su domicilio en esa localidad guipúzcoana. No llevaba escolta, a la que había renunciado voluntariamente al no resultar elegido en las últimas elecciones municipales, a las que se presentó con el número 6 de la lista del PSE. Probablemente no temía por su vida: al fin y al cabo, no era más que un simple trabajador. Encajaba, por tanto, en el perfil típico de las víctimas de la violencia terrorista.Termina la campaña, y sigue el luto. Es hora de exigir a la alcaldesa Inocencia Galparsoro, de la proetarra ANV, que se desmarque de la banda y que condene el atentado como lo que es, un ataque directo no solo a la vida de una persona de bien sino también a la libertad de todos. Es hora también de exigir unidad y compromiso de los dirigentes políticos para la derrota de ETA, sin cantos de sirena a supuestos procesos de apaciguamiento de la fiera que se han demostrado, en ya tres décadas de democracia, inútiles y contraproducentes.

A la familia de Isaías, desde el profundo sentimiento de dolor, toda la solidaridad y el apoyo de las instituciones y de la ciudadanía; a todas las víctimas, memoria, dignidad y justicia; a todos, unidad y compromiso para conseguir el objetivo que nos ha de dar, definitivamente, la libertad: derrotar al terrorismo, en cualquiera de sus formas.

Matías Alonso

El silencio de los borregos

Tal parece que estamos avanzando. Muchos hemos abandonado la tribu, pero parece que nos instalamos en el rebaño. Ante los síntomas incesantes de enfermedad grave en la sociedad en la que nos ha tocado vivir, empieza a ser hora de aplicar remedio. Una sociedad, hay que recordarlo, que ha sabido salir sin sobresaltos del casi medio siglo que empezó con la barbarie fatricida para culminar con un férreo yugo dictatorial, pero que parece que no quiere ver la escalada de violencia en que se desenvuelven los demócratas dedicados a la política.

Hay que denunciar y combatir, con todos los medios legales disponibles, los reiterados episodios de intimidación protagonizados por jóvenes que demuestran, con tozudez, su ignorancia respecto de los más elementales principios de la democracia. Y hay que hacerlo sin medias tintas, sin mirar en ningún momento hacia otro lado ni buscar ningún tipo de paralelismo ni de paliativo. Ante la reiteración de ataques a la democracia y la libertad, como los sufridos en los últimos días por María San Gil, Dolors Nadal y Rosa Díez, hay que decir ¡Basta!

Hay que huir del silencio de los borregos que, por cierto, tampoco les libra del matadero.

Matías Alonso

La conveniencia del candidato o Cuando nos toman por tontos

Muchos lo han sabido ver desde el primer día, tras su investidura como máximo mandatario del ejecutivo español. Tan claro como lo habían visto meses antes, tras la firma del ignominioso y antidemocrático Pacte del Tinell. Ahora, quien quiera, lo puede ver también. Es incontestable que la legislatura ha sido tensa, en ocasiones muy tensa. No es menos cierto que el máximo responsable de esa tensión se ha autonombrado paladín del talante (sólo sustantivo).

Jugaba en campo propio, bajo el manto protector del otrora ilustre Iñaki Gabilondo, venido a menos a la cabeza de los informativos de la clientelar Cuatro. Se acabó lo que se daba: la entrevista, plácida cual corresponde a un evento programado para mayor gloria de Z, había terminado. Los dos protagonistas, distendidos, intercambian pareceres de forma cómplice y amigable: “¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?”. La respuesta, concluyente: “Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión”.

Y en eso están. Garrotazo y tentetieso, con la mejor (o era mayor) cara del mundo, y rodeados de hombres de paz. Será la conveniencia del candidato, pero me quedo con la sensación de que nos toman por tontos.

Matías Alonso

Ataques impunes a la libertad (de todos)

Este martes, como otros muchos, ha sido un día largo. Pero antes de iniciar el (probablemente) merecido descanso nocturno, no puedo dejar de lamentar la no condena, reiterada no condena, de uno más de los reiterados ataques a la libertad de todos, como ha sido el sufrido por María San Gil, diputada del PP en el Parlamento Vasco y resistente en Euskadi, a manos, pies y bocas de un grupúsculo de desalmados en la órbita del separatismo radical que se extiende por las tierras de España. No deja de ser curioso que el ataque de estas bestias pardas, en la línea del Partido Nacionalsocialista alemán de las décadas cuarta y quinta del pasado siglo, por reiterativo se asuma como normal. Un repaso a las páginas web de los distintos partidos políticos ofrece un resultado inequívoco: sólo el PP y Ciutadans condenan expresamente el ataque sufrido hoy en la Universidad de Santiago por la parlamentaria vasca.

No ha sido el único ataque perpetrado en Galicia durante los últimos días por esta banda de descerebrados cobardes. Este fin de semana han sido agredidos varios miembros de la asociación Galicia Bilingüe, en A Coruña y Vigo. Ninguno de los dos casos ha sido condenado por el bipartito ad hoc que gobierna en la comunidad autónoma gallega. Puede ser comprensible en el caso del BNG, puesto que tampoco ha condenado el holocausto padecido por el pueblo hebreo durante las antedichas décadas del siglo XX. Caso único, por cierto, en el panorama político europeo: ningún otro partido político ha osado tamaña felonía y se ha ido de rositas, como en el caso del BNG. Pero, ¿qué me dicen del PSdeG-PSOE?

Como en todos los casos en los que la defensa de la libertad (de todos) pasa por la posibilidad de perder cuotas de poder, la izquierda de salón que representa el actual PSOE mira para otro lado. Si hace falta, en un mitin, rodeado de miles de correligionarios en estado catatónico, se dice aquello de que quienes “usan la violencia, la amparan, la apoyan o, por cobardía, se humillan ante quien tiene una pistola, no pueden estar en el juego democrático”, porque “en democracia sólo cabe la palabra, las ideas y el respeto a las reglas”.  Hoy martes, en el parlamento gallego, el PSdeG-PSOE ha evitado pronunciar condena alguna a este tipo de agresiones, que siguen in crescendo. Cualquier otro día, tras la reiteración de hechos como estos, su líder carizmático se jactará, como ya hiciera en 2006 durante la campaña a las elecciones autonómicas catalanas, de que no tiene problemas cuando va de visita. Y, como diría el castizo, el que venga detrás, ¡que arree!

Mientras tanto, en la España más segura de la historia, según nos cuenta Pérez Rubalcaba, los ataques a la libertad (de todos) siguen impunes.

Matías Alonso