Inmersión forzada

Rueda de prensa campaña pro casilla en la preinscripción escolar

Estamos a las puertas de una nueva campaña de preinscripción en los centros escolares catalanes. Previsiblemente, una vez más, la Administración educativa de la Generalitat, en manos de Ernest Maragall y con el beneplácito del president Montilla, negará a los padres el derecho a indicar cuál de las dos lenguas oficiales de esta Comunidad Autónoma es la lengua materna para sus hijos.

Este dato, necesario para planificar la educación infantil y primaria en los centros docentes catalanes, conforme a la vigente legislación, viene siendo obviado por el Departament d’Ensenyament, empeñado como está en forzar la inmersión lingüística en una sola de las lenguas oficiales. No hace falta que les diga que esta lengua es el catalán.

De poco sirve que los expertos se reafirmen en la conveniencia de que los niños se inicien en la lectoescritura utilizando su lengua materna. De nada sirve el empeño de unos pocos padres en conseguir que los derechos de sus hijos a recibir la mejor educación, en este caso la más eficiente derivada de la utilización de la lengua oficial que mejor comprenden al dar sus primeros pasos en la escuela, sean respetados por la Administración que tiene a su cargo su tutela.

Prima la voluntad férrea, sustanciada primero en lo que han llamado Pacte Nacional per a l’Educació y, a partir de hoy mismo, en la inminente Llei d’Educació de Catalunya, de conseguir la inmersión forzada. Eso sí, la inmersión de los hijos de los otros: los de la elite dirigente catalana, con José Montilla a la cabeza, al Colegio Alemán u otros centros similares, donde los experimentos siguen haciéndose con gaseosa: educación, cuando menos, trilíngüe, castellano, catalán e inglés.

Esta mañana, en el Parlament de Catalunya, el Presidente de Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía (C’s), Albert Rivera, acompañado de dos miembros del Comité Ejecutivo de su Partido, ha presentado ante los medios de comunicación la campaña informativa que C’s pondrá en marcha de forma inmediata para alertar a los padres de los derechos que les asisten, al tiempo que le recordaba al Gobierno de la Generalitat que C’s aspira a conseguir esa educación trilíngüe también en los centros públicos y concertados, dependientes de la Administración educativa de Cataluña.

Entretanto, a los padres con hijos en los ciclos de infantil y primaria sólo les queda exigir: “Yo también quiero la casilla, ¡es mi derecho!”

Matías Alonso

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Sobre competencia e incompetencia

MontillaAcabamos de pasar un muy mal trago. Unas cuantas familias tardarán muchos años en acabarlo de pasar, si es que son capaces de digerir algún día lo que les ha sucedido este pasado fin de semana, este sábado letal. Siguen presentes en nuestras retinas las imágenes dantescas del desastre provocado por las terribles ráfagas de viento que han azotado media España y que el día 24 de enero se han cebado especialmente en Sant Boi de Llobregat.

Recién acabado el recuento de muertos, los responsables aparentes de lo que se ha dado en llamar Protección Civil iniciaron la consiguiente maniobra de despiste:

  • Empezaron con el típico ”los meteorólogos no aciertan ni una”, fácilmente asimilable por el pueblo llano, acostumbrado como está a mojarse cuando menos lo espera.
  • Poco después se insistió en dejar claro que, en Cataluña, no se prohibe a la gente hacer cosas. Esto también vende: no nos metemos en la vida de nadie (siempre que rotule en catalán, por ejemplo).
  • Algo más tarde se encontró al verdadero culpable del desastre. Se obvió citar al maligno (supongo que porque desde el 20 de enero ya no ejerce), pero se dejó claro que la catástrofe es consecuencia del “cambio climático”. Sí, precisamente ese que cierra carreteras y autopistas, colapsa aeropuertos y afecta a centenares de miles de ciudadanos en cuanto se le escapan unos copos.

En Cataluña, por supuesto, se ha insistido durante décadas en conseguir la transferencia de competencias a la Generalitat. Hoy en día el nivel competencial es, cuando menos, aceptable. Pero también hoy el presidente Montilla nos sorprende anunciándonos que en un tema tan importante como lo es el de la Protección Civil la Generalitat no es competente del todo, ya que no puede obligar a los ayuntamientos a que obren en consecuencia cuando un temporal previsto y previsible, como lo ha sido el de este pasado sábado 24 de enero, amenaza con arrasar vidas y haciendas de cuantos estén desprevenidos y sigan haciendo su vida normal.

Amparado por la distancia, sin ningún familiar que pudiera recriminarle su declaración, esta misma mañana en el programa Espejo Público, de Antena 3 Televisión, el presidente Montilla ha dejado claro que en relación a la Protección Civil la Generalitat no es del todo competente: “No se suspendieron todas las actividades porque, además, hay actividades que la Generalitat no podía suspender”.

Pero podemos estar tranquilos. Se ha actuado correctamente, “de acuerdo con un protocolo y por tanto tomando las medidas y haciendo las comunicaciones previstas en este protocolo”. Este tranquilizador mensaje lo ha lanzado hoy el presidente José Montilla en Bruselas, mientras deseaba un feliz año nuevo a los funcionarios catalanes en las instituciones de la Comunidad Europea. Montilla estaba tranquilo, en su papel, a 1.300 Km de distancia de los desconsolados familiares de los fallecidos durante el temporal.

Parece que hace falta un cambio, y que no sea precisamente climático.

Matías Alonso

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Desde Valladolid

He recibido con cierta indiferencia la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a la Generalitat de Cataluña a cumplir la ley. En parte porque estoy a más de 600 Km de Barcelona, en tierras castellanoleonesas. Pero sobre todo porque estoy convencido, tras décadas de comprobar el desacato de los poderes ejecutivos ante el poder judicial, de que la sentencia nunca será aplicada.

No cabe duda de que la sentencia se limita a obligar a la administración pública catalana a cumplir con su propia legislación. Ni entra ni puede entrar en la salvaguarda de los derechos que esa legislación vulnera.

Tampoco cabe dudar que la voluntad férrea del legislador catalán, el que da apoyo al tripartito que debería ser antinatura (dos partidos de pseudoizquierda coaligados con otro que está anclado en el nacionalismo más reaccionario) y el que  dice ser oposición pero que comulga con el fondo de la cuestión, de incumplir cualquier sentencia que le prive de su juguete de experimentación favorito: la inmersión lingüística (aplicable en exclusiva a los hijos de los demás).

Para que abramos bien la boca y podamos digerir la rueda de molino, entidades afines a la inmersión anuncian a los cuatro vientos el supuesto apoyo recibido por esta política reaccionaria por parte del archifamoso grupo de expertos del Consejo de Europa. Un muy estimado amigo lo desmiente categóricamente. Es evidente que así es. Pero la evidencia la seguirán negando.

Ganando tiempo, lo primero que hizo el PSC, con el impagable apoyo de ZP, fue cambiar las reglas del juego, por vía estatutaria y posteriormente con la inminente nueva Ley de Educación de Cataluña, cuya principal virtud, a los ojos de la caterva nacionalista, es el blindaje definitivo de la inmersión lingüística. Y aunque pueda parecer lenguaje belicista, de eso se trata precisamente. La posición beligerante de los nacionalistas, ahora los catalanes con el PSC de Montilla a la cabeza, la tenemos asegurada.

Desde Valladolid también se percibe: Difícil se pone ser simple español.

Matías Alonso 

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¿Queda algo del famoso ‘Seny’?

También podría preguntar: ¿Tiene Celestino Corbacho las horas contadas?

Parece que la lejanía intersemanal, el pasarse varios días seguidos en Madrid, le dan a don Celestino una visión más objetiva de la realidad que le circunda. Afirma, y tiene razón, que “imponer el catalán a los inmigrantes sería contraproducente“. Está más que comprobado que toda imposición genera una reacción en sentido contrario. Y podemos comprobarlo en las reacciones que, cada vez más, está generando la persecución lingüística que padecen muchos pequeños empresarios en Cataluña, obligados a redactar “al menos en catalán” la información contenida en sus escaparates y rótulos, en aplicación de una legislación que prima la “defensa de la lengua” -una en concreto- por encima de los derechos individuales, buscando, de paso, dificultar el uso libre y voluntario de la lengua que, además de ser la oficial en todo el Estado, es mayoritaria entre la ciudadanía. Todo ello bajo el falaz argumento de que “el catalán es la lengua propia de Cataluña”, desmintiendo la realidad histórica y el hecho incontestable de que los territorios no hablan. Son los ciudadanos los que para hablar pisando el territorio utilizan las lenguas. Y la realidad histórica es que durante muchos siglos, desde el siglo XI, cuando catalán y castellano empezaron a andar, como lenguas, caminos diferentes, en el territorio que hoy conocemos como Cataluña convivían ambas líneas lingüísticas, sin aspereza y en total armonía. Por más que se empeñen en negarlo.

El ministro de Trabajo e Inmigración parece haberlo entendido, desde la lejanía que le da la centralidad madrileña. Estoy seguro que nadie le habrá presionado, allí, en Madrid (léanlo con “t” final) para que se decante por la racionalidad, por el seny catalán del que tanto carecen, últimamente, muchos catalanes.

¡Enhorabuena, ministro! Ahora sólo falta lo fácil: conseguir que de sus ideas también comulguen Montilla y su gobierno.

Matías Alonso

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10 trienios

Los tres diputados de Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía en el Parlament de Catalunya celebran en Barcelona el 30º Aniversario de la Constitución

Nuestra Constitución está a punto de cumplir la treintena desde su entrada en vigor, y hoy hace precisamente treinta años desde que recibió el espaldarazo definitivo de la mano del pueblo soberano, que acudió en masa a las urnas y la ratificó por una mayoría abrumadora en aquel primer referéndum de nuestra, entonces, flamante democracia. Cabe recordar la anécdota de que, por petición expresa del monarca, nuestra Carta Magna fue sancionada por el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978. Había que haberlo hecho al día siguiente, pero no se quería que pareciera una inocentada. Por el mismo motivo, se publicó en el Boletín Oficial del Estado del 29 de diciembre, circunvalando así el día de los Santos Inocentes.

Otras leyes, de menor calado, corrieron peor suerte. Pongo por ejemplo la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas ¡Poca broma! Esas ordenanzas, entonces, eran más que necesarias, aunque la fecha de sanción pudiera sonar a guasa.

Hoy, en Barcelona, he tenido el placer de ser uno más entre los centenares de ciudadanos que se han dado cita en pleno centro de la ciudad, en la Plaza de Cataluña, para conmemorar la efeméride. La Constitución Española cumple treinta años y, todavía, goza de una salud aceptable. No es la salud inquebrantable que muchos quisiéramos, pero con tanta bacteria nacionalista y con tanta mojigatería de los dos grandes partidos españoles, es lo que hay. Al final, tarta de cumpleaños y más de trescientas raciones que se han esfumado en un abrir y cerrar de ojos, dejando a otro par de centenares con la miel en los labios.

Contrasta la celebración matinal con la algarada pirómana vivida a media tarde, bajo el patrocinio de uno de los tres partidos que cogobiernan en la comunidad autónoma catalana. Las juventudes de ERC, empapadas como están del mito identitario, han recorrido un corto trecho entre Rambla de Canaletas y las Plaza de los Ángeles, en el distrito de Ciutat Vella, convenientemente apacentadas por el diputado -en Cortes españolas- Joan Tardà (sí, ese que usted y yo sabemos). El acto, como no podía ser menos, ha concluido con la “quema de la Constitución” siguiendo el guión y la escenografía típica de los antisistema que viven a costa del sistema mejor que nadie. Y el pastor del rebaño, haciendo gala de su condición de servidor público, con su sebo acrecentado a costa del erario, haciendo gala de su republicanismo del siglo XXI: “¡Muera el Borbón!”. Simplemente, patético: el aforado por la ley saltándosela a la torera y jugando a revolucionario de salón. Habría que haberle visto asaltando las Tullerías.

El PSC, como de costumbre, ni está ni se le espera. Lógicamente, el tercer partito del tri, la amalgama ICV-EUiA estaba jugando con su ecologismo de porcelana y su supermegaguay progresía posmoderna. CiU, por su parte, se ha echado al monte, para celebrar que le da la espalda a la Constitución que le da de comer engullendo butifarra. En cuanto al PP, celebración “a lo grande”: tres jóvenes de no más de treinta años, uno con una bandera catalana, otro con una bandera española y otro con un manojo de ejemplares de la Constitución, en una caja de cartón de tamaño mediano, en la calle Vergara, junto a la Plaza de Cataluña, “tomando la calle” para celebrarlo.

Puede que la treintañera necesite algún retoque. Lo que más hubiera agradecido es un comportamiento leal de las taifas en que han querido devenir varias de las principales comunidades autónomas, que le deben su autonomía. Claro que los grandes partidos han puesto poco interés en afianzar el califato.

Entretanto, entidades adscritas al pesebre han iniciado su campaña de lavado de imagen, intentado que The Economist deje de ver lo que todo aquel que quiera puede ver en la Cataluña hipernacionalista nacida tras el advenimiento del tripartito, especialmente el reloaded ¡Lo tienen crudo!

Matías Alonso

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Aguante inútil, ruindad extrema

Hace poco más de dos meses, se cumplieron el pasado día 22, los asesinos etarras dieron muerte al brigada Luis Conde, en Santoña. Entonces escribí Víctimas del desamparo, desde el dolor por la muerte inútil –una más– de un hombre joven, honrado y trabajador, al que además había conocido personalmente años atrás. Un mes después, el 23 de octubre, recibí un correo de un íntimo amigo, residente en Santander, que me reafirmaba en la sensación de soledad de las víctimas y en lo inútil de las muertes. Titulaba su misiva “In memoriam” y, tras los saludos y las referencias familiares habituales, entraba a fondo en los sentimientos que le habían impulsado a escribirme:

“El pasado sábado 23 coincidiendo con que hacía un mes de su muerte y, promovido no por las instituciones, sino por la Asociación de Reservistas, se realizó un humilde acto de homenaje hacia Luis y su familia. Asistieron su esposa, su hijo y algunos otros allegados. Inicialmente y casi en la intimidad, se esparcieron parte de sus cenizas en el mar, a bordo del patrullero ‘Marola’. Digo parte de sus cenizas, porque el resto ha quedado en poder de sus padres para poder honrarlas en su tierra. Después hubo un acto religioso bastante emotivo …///… por último se leyó un bonito poema dedicado a Luis, escrito por un chaval vinculado familiarmente a una reservista”.

Mi amigo se esfuerza en relatarme los detalles del acto, entre los que destaca que “asistieron pocas autoridades, el Delegado del Gobierno y el de Defensa y para de contar, y además por compromiso. Ni al director del Patronato vi por allí…” –allí, en el Patronato Militar Virgen del Puerto, era donde habían asesinado a Luis–. Al acto, según me relata, sólo asistieron unas setenta personas. Su emotivo relato concluye con cuatro breves párrafos que transcribo a continuación:

“En fin, a lo que voy, el desamparo no es exclusivo de una u otra comunidad, de tal o cual grupo social, esto está generalizado. Yo eché en falta a mucha gente, en especial militares.
¿Qué está pasando?
No te haces idea del poco interés mostrado tras el atentado, por la población en general, en una comunidad tan conservadora como esta de Cantabria.
No sé si es miedo, falta de valores, deshumanización, hastío o puro hedonismo, pero por este camino y con esta sensibilidad social no vamos a llegar muy lejos, a corto plazo, para acabar con esta maldita lacra”.

Hoy he rescatado este correo para escribir tras otra muerte inútil. La de otro hombre al que supongo bueno, honrado y trabajador. ETA sigue tratando de imponer su chantaje asesino al llevarse por delante la vida de Ignacio Uría –éste sí, un verdadero luchador–. Se te rompe el alma cuando ves una pancarta condenando su muerte con apenas una decena de personas tras ella. Se te hiela la sangre cuando oyes* a Javier Arzálluz, con su RH- y su auctoritas de porcelana, recetar aguante: “¡Aguantar! Aguantar; y es el mejor camino para acabar con ETA, mucho más que las policías de Barrio… de Pérez Rubalcaba”, esputaba este rancio nacionalista que no es ajeno, en cuanto a responsabilidad personal y colectiva –por él promovida–, a la situación de coacción inadmisible causada por el terror de los asesinos y la connivencia de sus innumerables secuaces. Culminaba su receta especial para los que difícilmente pueden aguantar la presión del extremismo nacionalista: “Bueno, hay gente que a lo mejor no puede vivir… pues…, ellos verán, si toman Valium o qué”.

¡Este es el núcleo duro del discurso intelectual del que se ha dado en llamar nacionalismo democrático! Recetar aguante inútil mostrando ruindad extrema. Aguantar, a costa de la vida de otros. Tomar Diazepam o, como hemos podido ver con los ojos de Iñaki Arteta, en El Infierno Vasco, dejar atrás media vida y exiliarse para poder vivir la otra media.

Sólo una nota de esperanza: Zapatero y Rajoy de la mano en el apoyo a la familia, al visitar la capilla ardiente.

Unidad democrática: ¡Esta sí es una receta!

Matías Alonso

* Para ver y oír al viejo recolector de nueces necesitarás RealPlayer 8

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En defensa de la Libertad de Expresión

Albert Rivera, presidente de C’s, durante la concentración ante el CAC el 22 de noviembre de 2008

Este mediodía se han concentrado a las puertas del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), en Barcelona (C/ Entenza 321, junto a la Diagonal) alrededor de 4.000 ciudadanos. La concentración ha sido convocada por Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía (C’s), como reacción a la cacicada del CAC, organismo independiente de la Generalitat de Catalunya, promovido por el tripartito del cordón sanitario (PSC-PSOE, ERC e ICV-EUiA) con el aplauso de CiU y el tibio beneplácito del PP, que ha utilizado el proceso de concesión de 83 licencias de radio en FM para profundizar en su política empeñada en limpiar (como sinónimo de eliminar) de voces críticas el espacio radioeléctrico de la comunidad autónoma catalana.

La cifra, que no coincide con lo que por lo general se publica, no es caprichosa ¡Yo estaba allí! Un cálculo preciso, sobre la base del plano urbanístico de la zona en que se ha desarrollado el acto, arroja un saldo superior a las 3.500 personas, muy próximo a los cuatro millares que cito. Pero lo importante no es la guerra de cifras. Lo importante ha sido constatar que sólo hay un partido político capaz de defender en cualquier foro, calle incluida, la Libertad de Expresión: Ciudadanos.

Este mediodía he tenido la sensación agridulce de la respuesta ciudadana ante el fraude pseudodemocrático de un Govern que se basa en el “¿qué hay de lo mío?” que obliga a seguir gritando, en pleno siglo XXI y justo tras cumplirse el trigésimo tercer aniversario de la desaparición del dictador, ¡Libertad, Libertad, Libertad!

Matías Alonso

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Misiones humanitarias en precario

A nadie se le escapa que la profesión militar entraña un riesgo, se ejerza donde se ejerza. Lógicamente, la mayoría de los riesgos se asumen a priori por quienes sienten la llamada de las armas. Desde la entrada de España en la estructura militar de la OTAN, nuestras fuerzas armadas vienen desempeñando misiones en el extranjero, de carácter diverso, algunas de las cuales pasan prácticamente desapercibidas para la opinión pública. Por lo general, estas misiones sólo saltan al primer plano de la información cuando se producen bajas en nuestros efectivos. Actualmente la misión de mayor riesgo para nuestras tropas es, sin duda, la de Afganistán, en la que nuestros soldados, pese a no estar empeñados directamente en los combates que vienen produciéndose desde hace ya siete años, han sufrido el mayor número de bajas asociado a estas misiones. La de Afganistán, además, ha pasado de ser considerada humanitaria y de reconstrucción a ser reconocida explícitamente como de guerra, eso sí, siempre bajo el paraguas de Naciones Unidas.

Pero una de las misiones de las fuerzas armadas españolas que nos ha pasado prácticamente desapercibida ha sido la encomendada al general de División Vicente Díaz de Villegas, que ha estado al mando de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC) hasta el pasado 27 de octubre, en que dimitió de su cargo alegando motivos personales. No cabe duda de que esta misión es una más de las que pueden considerarse de alto riesgo, dada la situación convulsa del país africano. Tampoco puede pasar desapercibido el hecho de que en ese tipo de conflictos, en los que se producen agresiones genocidas con motivación tribal, los mayores riesgos los corren los civiles, que siempre llevan la peor parte.

Sin duda la MONUC es una misión de enorme importancia que está pasando por unos momentos críticos derivados de la evolución del conflicto. Y llama la atención que un general del Ejército Español, obligado por las ordenanzas militares a tener “el constante deseo de ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga”, dimita de su cargo, haga su petate y vuelva a casa sin más. Cabe pensar que, tras este gesto, hay algo más. La MONUC es la mayor de las misiones de Naciones Unidas en el mundo, contando con más de 18.000 efectivos militares de casi una veintena de países, y ejercer el mando del contingente es tanto una gran responsabilidad como un honor deseable para cualquier oficial general de nuestras fuerzas armadas. Y hay que pensar que el general Díaz de Villegas ejercía el mando asumiendo plenamente su responsabilidad.

Tras la dimisión probablemente se esconda tanto la falta de medios adecuados para el cumplimiento de la misión, algo lamentablemente frecuente en misiones que dependen de Naciones Unidas, como la imposibilidad de imponer un mínimo de orden, no sólo en el contingente heterodoxo sino también en la caótica situación que atraviesa la República Democrática del Congo, donde cada día que pasa la vida de sus nacionales pierde valor a pasos agigantados.

Cabe pensar, pues, que el gesto del general Díaz de Villegas se corresponde con el típico puñetazo encima de la mesa, planteándole al responsable de la misión, Naciones Unidas, que las condiciones de trabajo son inasumibles y que la misión encomendada, en los términos que se desarrolla, es irrealizable. Son misiones humanitarias en precario.

Matías Alonso

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Tsunami en el estanque

Los últimos días han sido intensos. La publicación, bajo el título The party’s over, del extenso informe sobre España del prestigioso semanario The Economist y de forma especial el capítulo How much is enough? elaborado por Michael Reid ha traído a primer plano de la actualidad lo que muchos venimos denunciando desde hace años en España, y muy especialmente desde Cataluña. Como de costumbre, describir la realidad se ha convertido para el Govern de la Generalitat, nuestro inefable tripartito, en un ataque contra Cataluña. El intento de matar al mensajero ha sido inmediato. Pero el mensajero está fuera de su alcance: es británico y de prestigio.

La realidad catalana la hemos vuelto a disfrutar, en las carnes de un grupo de ciudadanos libres que, en el transcurso de una manifestación que algunos han proclamado sin incidentes, convocada en oposición a la futura (por poco tiempo, ante la prisa del conseller Maragall por aprobarla) Ley de Educación de Cataluña, han visto su razón zarandeada bajo la ira de una turba de descerebrados, aleccionados hábilmente por el régimen a lo largo de su corta vida y que han hecho del acoso a las libertades su entretenimiento favorito. Todo ello sin intervención alguna, ni del servicio de orden de la propia manifestación, a cuyos miembros, pertenecientes al sindicato USTEC-TEs, ni se les vio, ni de las fuerzas de orden público, encarnadas por los Mossos d’Esquadra del conseller Saura.

Llama la atención que los fascistas, autoetiquetados como progresistas y de izquierda, berreen a modo de insulto su propio nombre. Clama al cielo que quienes practican la coacción violenta, quienes en cuanto tienen ocasión vitorean y ensalzan a los terroristas asesinos que están intentando imponer su dictadura de terror a toda España desde hace ya cuatro décadas (¡cómo pasa el tiempo!), tilden de terroristas a los demócratas que se mantienen a pie firme en defensa de la libertad. Ni una linea he sido capaz de encontrar, en el ámbito político catalán (en el oficialmente catalán, el del oasis), que condene la violencia padecida por este grupo de ciudadanos el pasado jueves, 13 de noviembre, en pleno centro de la capital de Cataluña.

Entretanto, para acabar bien la semana, tras la pedrada recibida por ¡un cristal! en el edificio en que radica el Consorci de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), cuya actitud censora, a sueldo y a favor del nuevo régimen catalán, ha sido denunciada abiertamente por Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía (C’s), el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) asocia directamente el ataque a la convocatoria de manifestación anunciada por C’s a la puerta del CAC para el próximo sábado, 22 de noviembre a las 12 horas, solicitando unilateralmente a C’s que la desconvoque sin haber hecho ni siquiera la más leve referencia de condena a las agresiones sufridas el día anterior por sus militantes ¡Un nuevo colmo de desfachatez!

Para calmar las aguas, el máximo representante institucional del Estado español en Cataluña, que no es otro que el president José Montilla, a la vista de que todo es gratis se toma la libertad de poner en un brete (otro más, desde Cataluña) a la diplomacia española, al insultar con absoluto desparpajo al presidente George W. Bush, máximo dirigente de un país aliado y, supuestamente, amigo. Es posible que sea lícito pensar lo que Montilla dice. Es seguro que un representante del Estado se descalifica por sí solo al hacerlo explícito.

Puede que ambas cosas, el comunicado del PSC y la incontinencia verbal de su máximo dirigente, sean consecuencia de lo que ya se ve venir: el tsunami en el estanque que romperá la calma de las aguas del oasis.

Matías Alonso

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Víctimas del desamparo

El hecho de haber conocido personalmente a la última víctima mortal de ETA, el brigada de Artillería Luis Conde de Lucas, me ha retraído a la hora de escribir sobre su dolorosa muerte, que probablemente terminará siendo tan inútil como las muchas que hemos padecido durante tres largas décadas, en esta espiral sin fin en que se ha convertido la locura terrorista. Ayer hablaba con un amigo segoviano y, por un momento, el sentimiento de dolor mutuo ahogaba mi pecho.

Esta tarde llovía intermitentemente en Barcelona, en un inicio del otoño algo desapacible. He asistido, con mi mujer y un nutrido grupo de compañeros, al acto convocado por la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) frente al Monumento a las víctimas del terrorismo, en la Avenida Meridiana de la capital catalana. Lamentablemente no es la primera vez que acudo a ese rincón del distrito de San Andrés, ante convocatorias similares. Bajo la débil lluvia, en la penumbra levemente rota por el faro de una motocicleta y el foco de un cámara de televisión, se ha guardado un minuto de silencio por Luis Conde y por todas las víctimas del terrorismo, con independencia de quienes fueran los criminales que las hubieran causado. La tarde era realmente triste, aunque a mí, personalmente, me ha parecido desoladora.

La desolación la causa el hecho de que en una ciudad con más de un millón quinientos mil habitantes, en pleno centro de un área metropolitana que prácticamente duplica esa cantidad, nos hayamos reunido poco más del medio centenar de personas para mostrar nuestra repulsa al terrorismo. La desolación se concreta al comprobar que la sociedad en que vivimos pasa con indiferencia por encima de los cadáveres de las víctimas y del dolor de sus familias, sin el menor rictus de incomodidad. La desolación se acrecienta cuando a lo largo de las últimas veinticuatro horas se constata que sólo una asociación de víctimas convoca a la ciudadanía en Barcelona. La desolación te oprime cuando compruebas que ninguno de los partidos políticos con representación en el Parlamento de Cataluña, con excepción hecha de Ciutadans – Partido de la Ciudadanía (C’s), apoya e insta a secundar la convocatoria de la ACVOT, tal y como habría que hacer con la convocatoria de cualquiera de las asociaciones de víctimas que llevan su sufrimiento y su dolor en la más absoluta soledad.

El breve acto de esta tarde ha culminado con la lectura de un sentido manifiesto, a cargo de una joven huérfana de padre desde el 8 de enero de 1992, cuando la barbarie etarra, campante por aquellas fechas en Barcelona, se lo quitó para siempre. Por respeto no voy a citar su nombre. Al terminar el acto me he acercado a ella para expresarle personalmente mi solidaridad y en sus ojos, como en los de otras víctimas anteriormente, he visto el desamparo. Las víctimas del terrorismo, nuestras víctimas del terrorismo, están solas. Y sus palabras han resonado en mi cabeza como la súplica de quien comprende que su dolor, el dolor de todas las víctimas, probablemente será inútil: “Cuando mataron a mi padre todo el mundo me decía que podía estar segura de que su muerte no había sido en vano”. Sus ojos me lo decían todo. Ella sabe que a su padre ya le han olvidado, al tiempo que comprueba, muerte tras muerte, que la sociedad se muestra indiferente al dolor ajeno y que la clase política no está dispuesta a poner remedio, de una vez por todas, a esta terrible lacra que a todos nos amenaza.

Barcelona, la capital de Cataluña, la que fuera admirable ciudad motor de la economía y de la cultura, se ha mostrado de nuevo insensible ante el dolor de las víctimas del terrorismo. Hoy, en Barcelona, en esta ciudad en la que los políticos que ejercen el control de los resortes de poder parecen preocuparse únicamente de obtener la financiación que consideran necesaria para mantener su despilfarro en el mantenimiento de sus acólitos, las víctimas han estado solas. Sólo un partido político, el recién llegado al sistema parlamentario, el de menor representación en el Parlamento de Cataluña, ha mostrado de forma directa su solidaridad asistiendo al acto con una nutrida representación.

Hoy se ha mostrado lo que es una cruda realidad. Aunque la causa primigenia de su dolor sea el terrorismo, realmente son víctimas del desamparo.

Matías Alonso

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