Entre el pragmatismo y la épica

Quien con seguridad será el próximo presidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, ha empleado algo más de hora y cuarto en desgranar, a grandes trazos, el que dice que será su programa de gobierno. Su discurso, elaborado por él mismo con la ayuda de Francesc Homs y de David Madí, se articula en ocho capítulos que van desde la economía hasta la nación.

No cabe duda que Artur Mas es un político al uso, avalado por una larga trayectoria política, primero a la sombra del omnipresente Jordi Pujol y después como su sucesor al mando de la federación nacionalista que constituyen Convergència y Unió Democràtica de Catalunya.

En el plano económico se ha movido como pez en el agua en el pragmatismo liberal, anunciando un gobierno business friendly, aunque sin dejar de esbozar su visión de “país”. Pero lo que finalmente ha provocado la ferviente reacción de sus incondicionales –los diputados de su grupo y buena parte del nutrido grupo de personalidades y periodistas que han seguido su intervención desde la tribuna de invitados del Parlament– ha sido su anuncio de lo que ha dado en llamar “la transición nacional catalana”, que pasa por un nuevo pacto fiscal (lo que en campaña era “concert econòmic” al estilo foral) y, sin revolución pero sin pausa, por el “dret a decidir”.

Tras proclamarse heredero de los presidentes de la Generalitat que le han precedido, le ha dedicado una perla a su antecesor, José Montilla, presente en el hemiciclo en el que puede ser su último acto parlamentario. La gran aportación de Montilla a la herencia que Mas dice recibir ha sido la de ejemplificar el éxito del “modelo catalán de integración”.

Ha anunciado que gobernará para todos –lo mismo que dijo en campaña cuando pedía votos prestados para la ocasión–, al tiempo que se ha mostrado dispuesto a seguir la línea de insumisión marcada por su predecesor inmediato. A lo largo de los casi noventa minutos que ha durado su discurso ha lanzado varios ataques al orden constitucional, representado por el Tribunal Constitucional y su consabida sentencia “contra” el Estatut.

Su intervención ha discurrido entre el pragmatismo de un liberalismo convencido en lo económico y la épica de un nacionalismo a ultranza que no quiere quedarse atrás ante los grandes avances en la construcción nacional conseguidos por sus predecesores inmediatos.

Eso sí, la corrupción no ha aparecido en su discurso. En lugar de anunciar un pacto político que expulse a los corruptos de la práctica política, se ha limitado a anunciar que el suyo será un gobierno honesto.

La legislatura promete.

Matías Alonso

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One Response to Entre el pragmatismo y la épica

  1. Fujur says:

    Discurso “muy de Ciu”. Correctísimo y con perlas para buena parte de su electorado. Cataluña no se independizará, simplemente por que nadie lo quiere (ni ellos mismos).

    Ojalá sea cierto que a Laporta le van a ceder un escaño…

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