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Bitácora personal con inquietudes ciudadanas

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El salvoconducto de ZP

¡Qué tranquilidad! ¡Qué dominio de la situación! ¡Qué desparpajo! ¡Qué entereza! ¡Qué valentía! ¡Qué magnanimidad! ¡Qué dechado de bondad! ¡Qué talante! ¡Qué altura de miras! ¡Qué superioridad moral!. En suma, ¡qué sobrao!.

Yo también estoy tranquilo. Veo con agrado que mi presidente del gobierno (yo no le voté, pero también es mi presidente, o al menos debería serlo) puede venir a Cataluña, esta nación de nuevo cuño, que él mismo acuñó, sin temor a ser perseguido, vilipendiado, calumniado, humillado, silenciado, agredido… Al fin y al cabo, vivimos en democracia. Bueno, quizás no tanto…

Ayer ZP vino a apoyar a su pupilo Pep Montilla en un acto de precampaña en Sabadell. Esa misma tarde, a no mucha distancia, en Martorell, dos exministros del gobierno de España y dirigentes del partido de la oposición en las Cortes Generales, junto con 150 militantes y simpatizantes, eran asediados, vilipendiados, calumniados, humillados, agredidos; en suma, perseguidos, mientras pretendían hacer en libertad lo mismo que estaban haciendo dirigentes y militantes del PSC (filial del PSOE en la comunidad autónoma catalana). El que dice ser presidente de todos los españoles aprovechó su presencia en la ciudad vallesana para jactarse de su libertad de movimiento, expresión y opinión, recalcando ante su audiencia que no tiene problemas («como otros») cuando viene a Cataluña.

Es una suerte haber nacido de pie. Es un privilegio haber sido llamado a refundar la Patria. Es una verdadera suerte ser tan querido por sus conciudadanos. Bueno, quizás no por todos, pero al menos por los buenos demócratas, los ciudadanos de calidad, aquéllos para los que gobierna. Al fin y al cabo, él es ZP, el rey (¿o es el presidente de la república?) del talante, el que nunca tiene una mala palabra (ni tampoco buena acción). Total, son «otros» los perseguidos, y no son de su cuerda.

Pero, ¡mira por donde!, sí son de su cuerda, y de su partido filial en Cataluña, los energúmenos fascistas que «se manifestaron pacíficamente» mientras intentaban linchar a dos representantes políticos que vienen demostrando, día tras día, con su actitud firme y coherente, que son dignos de respeto democrático. Claro está, no disponen de salvoconducto para visitar y/o vivir libremente en Cataluña, y pueden darse con un canto en los dientes de haber salido con bien de este envite.

ZP, tranquilo… él expide los salvoconductos, y el suyo tiene plena validez. En detrimento de terceros; pero, ya se sabe: «Ande yo caliente…»

Matías Alonso

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