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Bitácora personal con inquietudes ciudadanas

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Libertad de expresión

Es curiosa la facilidad que tienen algunos para medir con distinto rasero. Es algo habitual y, desde luego, humano. Somos egoístas, ¡qué le vamos a hacer! Pero me llama la atención que sea tan fácil, para algunos políticos, irse de rositas cuando aplican, para situaciones perfectamente homologables, varas de medir tan distintas.

Hace muy pocos días, el ahora vicepresidente (figura no estatutaria) del gobierno catalán, el que dice llamarse Josep Lluis Carod-Rovira, uno más de los que se creen líder entre los líderes, expresaba su solidaridad con todos aquellos que, sean personas físicas o entidades, se sienten violentados por el Estado en el libre ejercicio de su libertad de expresión, que encuentra su natural válvula de escape en la reiterada ofensa, no exenta de amenaza, a la Corona española.

Pero no hace tanto que el gran librepensador catalán fue objeto de otra de esas libertades de expresión, ¿recuerdan?. Sí, fue en Salamanca, el 11 de junio de 2005, durante el transcurso de una manifestación manifiestamente pacífica, cuando un osado castellano (se supone) cavernario, ya instalado en la tercera edad, mostraba una pancarta manuscrita, de esas de andar por casa, con un «Carod al paredón», que aunque pueda parecer libertad de expresión no era, ni más ni menos, que la expresión más extrema de un odio visceral, en ningún modo alentado por el destinatario de la ira popular. O algo así.

Ponga el lector en la balanza las reacciones del mismo personaje, y de sus acólitos y socios varios, en ambas ocasiones. Por cierto, sólo una de ellas reiterada y, además, por él mismo justificada.

Pero no es de extrañar. Al fin y al cabo, el personajillo es capaz de justificarlo todo: incluso la exclusión de autores catalanes, que osan romper el bloque pancatalanista y escribir en castellano, de la Feria de Frankfurt.

Mañana, en Barcelona, la libertad de expresión, entre otras, será defendida en el transcurso de una manifestación cívica convocada por Ciutadans – Partido de la Ciudadanía, cuyo presidente, Albert Rivera, se supone que en el uso de la libertad de acción (¿o era de expresión?) que caracteriza a los cachorros de Esquerra, fue amenazado (otra vez) por dos de los cachorros del bigotito risueño, hace sólo unos días.

Por cierto: si he de elegir entre Carod-Rovira y Borbón… yo, al menos, lo tengo claro.

Matías Alonso

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