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Bitácora personal con inquietudes ciudadanas

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Escaladas

Los líderes populistas, en los que siempre destaca más lo segundo que lo primero, están obligados a autoalimentarse en su discurso y desvarío demagógico. Y el militón Chávez no es una excepción. El lenguaraz bolivariano (¡si Simón Bolívar levantara la cabeza!) se atreve ahora, en su guarida venezolana, a atacar al Rey de España, al que inquiere: «Señor Rey, responda: ¿sabía usted del golpe contra el Gobierno de Venezuela?». Lógicamente no habrá respuesta, porque el individuo no merece que se le retroalimente por la vía de un pseudodiálogo.

Mariano Rajoy, líder de la oposición (también más lo segundo), insiste en que la falta de respeto de dos demagogos populistas como son Chávez y Ortega, a cual más impresentable, son la lógica consecuencia de cultivar «amistades peligrosas». Casi todos coinciden en alabar la actitud de nuestro monarca, con las habituales salidas de tono frikies de los comparsas del Gobierno. Algunos critican la tibieza en la respuesta de nuestro presidente del Gobierno. Es posible que la actitud de ambos obedezca a un reparto de papeles. En mi opinión nuestra diplomacia debería ser más firme en la defensa de nuestros intereses, y sería de agradecer que esta firmeza la mostrara el Gobierno, es decir el ejecutivo, en lugar de hacerlo el Jefe del Estado, cuyas funciones constitucionales son meramente representativas. Pero parece que la tibieza es una de las características definidoras del talante.

La violencia de la banda terrorista ETA ha vivido otro episodio este fin de semana. La trampa tendida ayer a los ertzainas a las puertas de los juzgados de Getxo no ha conseguido los objetivos asesinos que perseguía, pero nos vuelve a recordar cual es la situación de amenaza constante que se vive en el País Vasco. Por fortuna la suerte se ha aliado con la policía autónoma vasca y no tenemos que lamentar víctimas.

Otra cuestión que lleva camino de enquistarse es la desobediencia militante de muchos ayuntamientos españoles, sobre todo en el País Vasco y Cataluña, que continúan sin hacer ondear las banderas conforme a la Ley. El PSOE se niega a obligar a sus alcaldes a cumplir la Ley de Banderas con el argumento de que no se puede «obligar a millones a sentir los símbolos», en boca de Patxi Lazcoz, alcalde socialista de Vitoria. Y tiene razón, es una falacia pretender que todos los españoles sientan a los símbolos de la nación como propios. Pero las leyes se dictan para cumplirlas, y la Ley de Banderas no exige a los españoles que se identifiquen con los símbolos. Lo exigible es el respeto a los símbolos de la nación y el estricto cumplimiento de las leyes por aquellos que deben velar por su cumplimiento. Y hay que recordar que quienes ocupan un cargo público al amparo de la Ley están obligados a su cumplimiento: si no son capaces de hacerlo… ¡para casa!

El súmmum de las escaladas de este fin de semana se ha vivido en Legazpi. Un menor ha perdido su vida a manos de un asesino descerebrado en el transcurso de una reyerta desencadenada en el suburbano madrileño entre jóvenes nazis y antifascistas, cuando los primeros se dirigían al distrito de Usera para participar en una manifestación autorizada, convocada por las Juventudes de Democracia Nacional bajo el lema «Contra el racismo antiespañol. Contra la inmigración». ¡Otra vez la incompetencia! Los responsables políticos no ven más allá de sus narices y dejan campar a sus anchas a los matones, agrupados en manada, por el centro de Madrid, autorizando manifestaciones xenófobas de las que no cabe esperar más que lo que ha sucedido.

Matías Alonso

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