Escalada de la violencia
Una vez más las calles de Barcelona han sido testigo de la actuación incontrolada de un grupo de alborotadores a los que se ha dado en llamar antisistema. Durante los últimos años este tipo de actos vandálicos se están repitiendo con mayor frecuencia, aprovechando cualquier excusa para desencadenarlos. Ayer se utilizó el desarrollo de una manifestación vecinal,no autorizada pero inicialmente pacífica, para desencadenar una ofensiva violenta contra los mossos d’esquadra en la plaza dels àngels, frente al MACBA, en pleno centro de la ciudad condal.
Es lamentable que frentea la violencia desencadenada por los descontrolados (o tal vez no tanto) y la escalada en la utilización de medios que, por sus características, entrañan un peligro muy serio para la integridad física de las personas, y a pesar de que las fuerzas policiales prácticamente no intervinieron, el representante de los vecinos convocantes se haya negado, «en principio» ha dicho, a condenar estos actos, con la peregrina excusa de que, en ocasiones, la propia policía infiltra provocadores para desencadenar los altercados y poder intervenir con contundencia en su disolución.
Esta condescendencia, lamentablemente muy arraigada en una parte importante de la ciudadanía barcelonesa, es también origen de esta violencia. La violencia hay que condenarla siempre, máxime si se ejerce completamente de espaldas al derecho. No se puede estar condenando sólo la violencia que no puede salpicarnos y ver con simpatía la que se desencadena ennuestra propia ciudad. No se puede ser mezquino frente a la violenciapor el mero hecho de que no va dirigida directamentecontranosotros. Algunos incluso la ven con simpatía,al coincidircon sus sentimientos pseudo-revolucionarios; ellos mismos se definenfácilmente como progresistas y de izquierda, cuando no son más que extremistas en defensa de intereses particulares, sin importarles los derechos de sus (sufridos) conciudadanos. Y desde luego, estas actuaciones violentas son la verdadera antítesis del progreso.
Es hora pues de exigir responsabilidad a la ciudadanía, y de negarse de plano a secundar, apoyar o, simplemente, disculpar la actuación incontrolada de los grupos violentos que generan este tipo de incidentes que no sólo no aportan beneficio alguno sino que, cuando menos lo esperemos, acabarán en tragedia. Las autoridades municipales y autonómicas deberán trabajar más y mejor para evitarlo.
Matías Alonso