El proceso, la división y el aislamiento
Parece que se va a consumar, pese al anuncio hecho hoy por los voceros oficiales del gobierno, a través de sus principales medios de comunicación, el diario El País y la cadena SER. Ambos medios han estado afirmando a lo largo de la jornada que existían contactos entre PSOE y PP en busca de un acuerdo que permitiera una postura común ante el debate, previsto para el próximo miércoles día 25 en el Parlamento Europeo, sobre el proceso de negociación con ETA, que desde fuentes gubernamentales y afines se ha venido llamando «proceso de paz».
Pese a la intoxicación informativa, que ha llegado a incluir la afirmación de que el propio Papa Benedicto XVI apoyaba explícitamente el «proceso de paz», a lo largo de la jornada se ha producido el desmentido claro de Mariano Rajoy que ha puesto las cosas en su sitio. Sigue la división. Una división que ha sido provocada por el propio presidente Zapatero, tras romper de forma unilateral el pacto por las libertades y contra el terrorismo y después de haber iniciado, de forma desleal y temprana -dos años antes de tener responsabilidades de gobierno y al tiempo que impulsaba el mencionado pacto-, los contactos directos entre responsables de su partido y los terroristas de ETA.
Es curioso el comportamiento político de ZP, en relación con los pactos:generalmente los utiliza como elemento de distracción frente a problemas que él, o su partido, ha generado previamente -por ejemplo el que lanza ahora, a bombo y platillo, contra la corrupción-. Pero también promueve pactos que muestran claramente su vena totalitaria, como es el caso del Pacto del Tinell en Cataluña, que sanciona el aislamiento del PP; partido al que por otra parte continuamente estigmatiza tildándole de derecha extrema. El no va más de los pactos de ZP fue el que presentó cuando sólo era Rodríguez Zapatero, jefe de la oposición en el Parlamento español, bajo el nombre de por las libertades y contra el terrorismo. Cada vez está más claro que lo presentó conel convencimientode que el entonces presidente del gobierno José M� Aznar no lo suscribiría, dado que no necesitaba consensuar nada con la oposición al gozar de mayoría absoluta.
Durante los dos años y medio de gobierno de ZP ha crecido la división en este asunto de tan vital importancia para los españoles (todos). Ha intentadotambién dividir a las víctimas, quejándose además de su beligerancia contra el proceso. Su visión de la lacra terrorista que nos azota (todavía hay terrorismo activo y coacciones constantes en el País Vasco) pasa por buscarle una solución dando la espalda a las víctimas y a sus familias, dejando sin valor su sacrificio por la consolidación de la democracia en España. Parece aspirar a tener el monopolio de la razón y a encontrar la solución al conflicto vasco (conflito para alguno de sus más próximos colaboradores), que ningún gobierno anterior había reconocido explícitamente como tal, mediante una negociación llevada con total secretismo y que, visto el talante y el historial previo de los protagonistas, no deja demasiado espacio para el optimismo.
Ahora, el presidente del gobierno lleva su visión del proceso nada menos que al Parlamento Europeo, en el que pretende obtener el apoyo a su plan de paz, internacionalizando el conflicto al dictado de los deseos de la banda terrorista ETA, a la que pone al mismo nivel que el gobierno democráticamente elegido en España. Los parlamentarios españoles del grupo socialista (salvo heroicas excepciones, como Rosa Díez) están buscando apoyos al desvarío en otros grupos de la cámara, y su portavoz ha visto con buenos ojos la asistencia a título personal de terroristas al pleno. Pero, eso sí, les molesta la división (aunque sea de opiniones).
Será difícil evitar que se produzca, pero aunque sea en sede parlamentaria y se haya promovido desde un gobierno legítimo y elegido democráticamente por los españoles, estamos ante una afrenta a la memoria y a la dignidady unavulneración de la justicia que se merecen las víctimas, y desde mi punto de vista se le hace un flaco favor a la democracia.
Todo ello muy a la altura de la talla política de los personajes protagonistas.
Matías Alonso