Crisis y renovación
Hay quien dice que estamos en crisis. Otros muchos lo niegan. Pero algunos datos económicos hacen pensar que puede que estemos en el inicio de un cambio de ciclo. Hay una crisis que es innegable, al menos para un buen número de familias y de ciudadanos, que ven cada vez más complicado llegar con solvencia a fin de mes: la cesta de la compra está por las nubes y la inflación parece, de momento, imparable. Pero, tranquilos. El Gobierno todavía dice que no pasa nada.
La crisis económica no es la única que nos azota. Y en Barcelona, la ciudad cosmopolita que se dice capital, hemos vivido otras crisis a lo largo del pasado año, algunas de las cuales todavía colean. Así, hemos pasado un verano entretenido, con los grupos electrógenos a pleno rendimiento amenizando las cálidas noches mediterráneas. Y hemos tenido un final de otoño sumido en un caos de transporte, del que nadie sale «ni partío ni doblao».
El Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, según publica hoy El Mundo, ha constatado «una espectacular caída del índice de satisfacción política coyuntural: el porcentaje de insatisfechos pasa del 50,8% en octubre de 2007 al 58,5% un mes más tarde». Vamos, que la gente se cabrea. Otra cosa es como se reflejará este cabreo. El mismo Gabriel Colomé, director del CEO, afirma que este desencanto hacia la clase política no se traduce en una actitud pasiva de cara a las próximas elecciones generales del 9 de marzo: «A medida que se acerca la cita electoral se percibe un aumento de la movilización del electorado».
¿Será más de lo mismo? Cabe esperar que no. Y en el nuevo panorama electoral catalán ya se han dado los primeros pasos hacia la renovación, tras las elecciones autonómicas del 1-N de 2006. La irrupción de Ciutadans – Partido de la Ciudadanía (C’s) en el Parlament de Catalunya ha dado origen a algunos, todavía ligeros, cambios en el lenguaje, que no en las formas, del PSC. El mismo José Montilla fue un adelantado cuando, al aceptar ser candidato por su partido a la presidencia de la Generalitat, nada más acabar el Congreso constituyente de C’s, afirmaba rotundo que «jo també soc un ciutadà de Catalunya». Meses después, tras el patinazo del Estatut con su paupérrimo refrendo popular, insistió en el discurso ciudadano con ese eslogan tan de C’s: «ahora es la hora de las personas» y «pondremos el Estatut al servicio de las personas».
Es probable que muchos electores catalanes crean que es necesaria una renovación. Personalmente, coincido en esa idea. Lógicamente cada cual tendrá su propia idea de la renovación necesaria. Pero hay algo que es incontestable: en el panorama político catalán actual ya hay una fuerza política consolidada, nacida de y para la ciudadanía, que aporta verdaderos aires de renovación. Y no es precisamente el PSC. Aunque no se resienta demasiado, todavía, de las crisis que él mismo provoca.
El comentario editorial de El Mundo, en su edición de hoy para Cataluña (Albert Rivera, Ciutadans y su candidatura por Barcelona – Pág. 4 de la edición impresa del 4 de enero), comienza con un escueto «Seguramente es la mejor opción». Después de reconocer que la candidatura de Albert Rivera es la más acertada opción para conseguir el objetivo de estar en el Congreso de los Diputados tras las elecciones próximas, la asocia a una supuesta «debilidad en el partido que no cuenta más que con una persona capaz de liderar el proyecto y conectar con la ciudadanía».
Es obvio que en C’s no abundan las caras conocidas. Es más, casi es un milagro que se conozca, como se le conoce, a Albert Rivera, y que se conozca, aunque bastante menos, a los otros diputados autonómicos de C’s, José Domingo y Antonio Robles. ¿Quién conocía a José Luis Rodríguez Zapatero antes de ser elegido secretario general del PSOE? Estoy seguro que ni siquiera muchos de sus electores leoneses de entonces tenían una idea demasiado precisa de su persona. Que cualquiera de los posibles candidatos C’s, en cualquiera de las circunscripciones electorales en que se presente, no sea archiconocido es lo más natural. Realmente, si tenemos en cuenta cómo ha nacido C’s, lo alarmante sería lo contrario: es un partido formado por ciudadanos, no por profesionales de la política. Y estos ciudadanos no por desconocidos han de ser candidatos poco capacitados. En ese caso, la mayor parte de las grandes empresas españolas estarían en manos de incapaces. Y no parece ser el caso. Antes al contrario, muchos que volverán a ser candidatos, y que son archiconocidos, han venido demostrando durante muchos años su más completa incapacidad.
Esperemos que el 9-M se de un paso más hacia la renovación. La que de verdad se necesita. Y es muy probable que Albert Rivera y algún otro ciudadano tengan bastante que decir.
Matías Alonso