Aguante inútil, ruindad extrema
Hace poco más de dos meses, se cumplieron el pasado día 22, los asesinos etarras dieron muerte al brigada Luis Conde, en Santoña. Entonces escribí Víctimas del desamparo, desde el dolor por la muerte inútil –una más– de un hombre joven, honrado y trabajador, al que además había conocido personalmente años atrás. Un mes después, el 23 de octubre, recibí un correo de un íntimo amigo, residente en Santander, que me reafirmaba en la sensación de soledad de las víctimas y en lo inútil de las muertes. Titulaba su misiva “In memoriam” y, tras los saludos y las referencias familiares habituales, entraba a fondo en los sentimientos que le habían impulsado a escribirme:
“El pasado sábado 23 coincidiendo con que hacía un mes de su muerte y, promovido no por las instituciones, sino por la Asociación de Reservistas, se realizó un humilde acto de homenaje hacia Luis y su familia. Asistieron su esposa, su hijo y algunos otros allegados. Inicialmente y casi en la intimidad, se esparcieron parte de sus cenizas en el mar, a bordo del patrullero ‘Marola’. Digo parte de sus cenizas, porque el resto ha quedado en poder de sus padres para poder honrarlas en su tierra. Después hubo un acto religioso bastante emotivo …///… por último se leyó un bonito poema dedicado a Luis, escrito por un chaval vinculado familiarmente a una reservista”.
Mi amigo se esfuerza en relatarme los detalles del acto, entre los que destaca que “asistieron pocas autoridades, el Delegado del Gobierno y el de Defensa y para de contar, y además por compromiso. Ni al director del Patronato vi por allí…” –allí, en el Patronato Militar Virgen del Puerto, era donde habían asesinado a Luis–. Al acto, según me relata, sólo asistieron unas setenta personas. Su emotivo relato concluye con cuatro breves párrafos que transcribo a continuación:
“En fin, a lo que voy, el desamparo no es exclusivo de una u otra comunidad, de tal o cual grupo social, esto está generalizado. Yo eché en falta a mucha gente, en especial militares.
¿Qué está pasando?
No te haces idea del poco interés mostrado tras el atentado, por la población en general, en una comunidad tan conservadora como esta de Cantabria.
No sé si es miedo, falta de valores, deshumanización, hastío o puro hedonismo, pero por este camino y con esta sensibilidad social no vamos a llegar muy lejos, a corto plazo, para acabar con esta maldita lacra”.
Hoy he rescatado este correo para escribir tras otra muerte inútil. La de otro hombre al que supongo bueno, honrado y trabajador. ETA sigue tratando de imponer su chantaje asesino al llevarse por delante la vida de Ignacio Uría –éste sí, un verdadero luchador–. Se te rompe el alma cuando ves una pancarta condenando su muerte con apenas una decena de personas tras ella. Se te hiela la sangre cuando oyes* a Javier Arzálluz, con su RH- y su auctoritas de porcelana, recetar aguante: “¡Aguantar! Aguantar; y es el mejor camino para acabar con ETA, mucho más que las policías de Barrio… de Pérez Rubalcaba”, esputaba este rancio nacionalista que no es ajeno, en cuanto a responsabilidad personal y colectiva –por él promovida–, a la situación de coacción inadmisible causada por el terror de los asesinos y la connivencia de sus innumerables secuaces. Culminaba su receta especial para los que difícilmente pueden aguantar la presión del extremismo nacionalista: “Bueno, hay gente que a lo mejor no puede vivir… pues…, ellos verán, si toman Valium o qué”.
¡Este es el núcleo duro del discurso intelectual del que se ha dado en llamar nacionalismo democrático! Recetar aguante inútil mostrando ruindad extrema. Aguantar, a costa de la vida de otros. Tomar Diazepam o, como hemos podido ver con los ojos de Iñaki Arteta, en El Infierno Vasco, dejar atrás media vida y exiliarse para poder vivir la otra media.
Sólo una nota de esperanza: Zapatero y Rajoy de la mano en el apoyo a la familia, al visitar la capilla ardiente.
Unidad democrática: ¡Esta sí es una receta!
Matías Alonso
* Para ver y oír al viejo recolector de nueces necesitarás RealPlayer 8