Piñón fijo
Este fin de semana largo, con el puente de fin de año, hemos asistido al esperpento bolivariano con la esperanza de una liberación de rehenes por parte de la guerrilla (terrorista) colombiana. No es el único terrorismo que lacera a la nación hermana. Pero tampoco es el menos sangriento. Bajo la batuta del líder venezolano Hugo Chávez, otrora palmero de nuestra política exterior, se han vivido tres días de esperanza finalmente truncada. Además, como estaba cantado, la culpa se carga alegremente al debe del Gobierno legítimo de Colombia, con Álvaro Uribe a la cabeza.
Hemos visto muchas veces como la política de contrapartidas, la negociación con los grupos terroristas, cuando están enfrentados a gobiernos legítimos, terminan en frustración y dolor. Pensar que Hugo Chávez es la solución en la región es ser, como poco, ingenuo. Y tras la finalmente frustrada liberación de rehenes las FARC anuncian una ofensiva terrorista para 2008, al sentirse reforzada por el eco internacional, que entienden como apoyo -con Chávez y Kishner a la cabeza-, y basándola en la supuesta debilidad del Gobierno de Uribe y en el cansancio del Ejército colombiano.
No podía ser de otra manera: Tirofijo, a pinón fijo.
Matías Alonso