El peligro del desarme
A todos nos gusta vivir en paz. La paz es un bien escaso para la especie humana. Basta releer la Historia o, simplemente, dar una vuelta de horizonte observando la actualidad cotidiana en el mundo. Es lógico el anhelo de conseguir vivir en paz. Y conviene valorarla en lo que vale.
España está viviendo el período de paz más largo de su historia moderna, sólo salpicado por la lacra del terrorismo asesino, de diverso signo. Pero podemos decir que estamos en paz, aunque existen organizaciones terroristas que están dispuestas a no dejarnos en paz.
Este período de paz (¡diez mil años dure!) permite que nuestras fuerzas armadas se dediquen fundamentalmente a misiones de reconstrucción y/o de pacificación. También durante el mandato del belicoso Aznar nuestras FFAA desempeñaban ese tipo de tareas en todas las misiones que se les encomendaron en el exterior (incluido Irak).
Para defender la paz, dicen los duchos en la materia, es preciso estar armado. Se puede discutir, y mucho. Pero lo que es indiscutible es que el desarme, no sólo la no utilización de armas convencionales sino también el desarme moral, en modo alguno contribuye al mantenimiento de la paz. Conviene que nuestros gobernantes no pierdan de vista los informes elaborados por el Real Instituto Elcano al respecto.
La amenaza viene de fuera, pero la tenemos afincada en nuestra sociedad.
¡No les demos ventaja y estemos alerta!
Matías Alonso