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Congresos en la tercera fase

En algo menos de dos meses se han celebrado los congresos de las tres formaciones políticas que, hasta la fecha, dan sustento al Gobierno de la Generalidad de Cataluña encabezado por el Molt Honorable Artur Mas, de quien recientemente hemos descubierto su arraigada vocación marinera.

El XVI Congreso de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), celebrado en Reus (Tarragona) del 23 al 25 de marzo, se ha cerrado con el ascenso de Artur Mas a la Presidencia del partido y con el consiguiente relevo en la Secretaría General, que cae en manos del hereu Oriol Pujol i Ferrusola. Se cierra con ello el ciclo sucesorio del gran alquimista de la Casa Gran, que asegura la continuidad dinástica en la cúpula de CDC.

El congreso de CDC ha permitido también el afianzamiento en la cúpula de ese partido de la corriente separatista más radical, encarnada entre otros por Francesc Homs y por Josep Rull. El giro secesionista, reforzado por la llamada del propio Jordi Pujol a la militancia de CDC para que se conviertan en “fuerza de choque” –tal vez con camisas pardas–, ha visto el toque poético de Artur Mas anunciando un inminente viaje a Ítaca en el que, cual Odiseo redivivo, está dispuesto a embarcar a toda la ciudadanía catalana. No ha dejado del todo claro qué pasará con quienes no se embarquen o no estén dispuestos a remar para favorecer la acción de la brisa secesionista en esta travesía épica. Lo preocupante, en cualquier caso, son los antecedentes cuando se han producido situaciones similares que, por lo general, no se han resuelto sin arrojar a los disidentes por la borda.

Los días 5 y 6 de mayo se ha celebrado en Barcelona el XIII Congreso del Partido Popular catalán en el que se ha pretendido una refundación del partido que ha pasado también por la incorporación de la senyera y del adjetivo català. La presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, y su ideólogo de cabecera, el ex diputado autonómico de Unió Democràtica de Catalunya por Gerona y ex portavoz adjunto del grupo parlamentario de CiU en el Parlamento autonómico de Cataluña, Enric Millo, reivindican su catalanismo al tiempo que intentan ocultar cualquier vestigio del pasado. Refuerzan además la tesis de CiU con su propuesta de “pacto fiscal singular” que consiga para Cataluña un resultado similar al anacronismo que es, en pleno siglo XXI, el concierto económico del que disfrutan los territorios forales vascos y navarro.

El congreso ha sido para Sánchez-Camacho y su equipo, al menos en apariencia, una verdadera balsa de aceite con apenas cuarenta enmiendas debatidas y con unas votaciones que parecerían normales en otras latitudes y regímenes políticos. El resultado permite a la líder del PPC profundizar en su estrategia de facilitar a CiU la gobernabilidad en Cataluña, sin respetar lo más mínimo sus promesas electorales y programáticas.

El trío se completa con el XXV Congreso de Unió Democràtica de Catalunya (UDC), celebrado los días 12 y 13 de mayo en Sitges (Barcelona), en el que ha sido reelegido como presidente el incombustible Josep Antoni Duran i Lleida, que ha basado su defensa en distanciarse, al menos en las formas, de sus hermanos de sangre de CDC: “No podemos ayudar a instalar a nuestra sociedad en el dilema independentismo o extinción, por eso mantenemos la apuesta por la confederación”, recordando así su posicionamiento distante de la actual estructura autonómica de España y abogando por su doctrinaria confederación de estados, tal como UDC viene haciéndolo desde su fundación como partido en 1931.

Los tres partidos, con visiones distintas de lo que le conviene a la sociedad catalana y por extensión a la española, tienen sin embargo puntos en común, no solo por su ideología conservadora. Con la excusa de la gobernabilidad han dado carta de naturaleza a la PPvergència. En aras a mantener la buena armonía –quien sabe si pensando en una próxima legislatura en la que el PP no obtenga mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados– Sánchez-Camacho ha abrazado la tesis del entreguismo y el colaboracionismo, permitiendo que la Generalidad administre unos presupuestos en los que recorta drásticamente en políticas sociales al tiempo que mantiene, contra viento y marea, las políticas de construcción nacional.

Es un pacto antinatura, sobre todo para los votantes de los tres partidos en los que predomina el perfil identitario sobre el meramente ideológico. El empeño colaboracionista suena a política ficción pero está en el plano de la realidad tozuda. Realmente han sido tres congresos en la tercera fase.

Matías Alonso

Publicado en La Voz de Barcelona el 22 de mayo de 2012

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