Ciudadanos anónimos y políticos ciegos
Un parado de 52 años ha sido el autor de la, tal vez, futura letra del himno nacional español. Paulino Cubero, un ciudadano anónimo que ha sido capaz de plasmar, en cuatro simples estrofas, la España (él la llama Patria) que entiende:
«¡Viva España!
Cantemos todos juntos
con distinta voz
y un solo corazón»
Aplaudo a Paulino, al tiempo que afirmo que, en este caso, quien realmente «huele a rancio» es Gaspar Llamazares. Este galeno que vive de la política denosta la letra (estoy convencido que también la música) porque para él representa a «la España del pasado a ritmo de bolero». A mí me gusta el bolero, y más cuando lo bailo con mi mujer. En todo caso sospecho que la visión que de España tiene Paulino Cubero está muy lejos de estar anclada en el pasado. Estoy convencido de que su situación personal no le permite anclarse a pasado alguno, ocupado como seguramente estará en vivir el día a día y salir, cuanto antes, de su situación laboral actual. Preocupación que no tienen ni Llamazares ni muchos de los políticos que, si algún día esta letra cuenta con el refrendo de 500.000 firmas, tendrán que debatir su aprobación en el Congreso de los Diputados.
Las reacciones que se han vivido en el seno de la clase política nos pueden reafirmar en el convencimiento de que muchos de nuestros políticos están ciegos. Como lo denuncia hoy la periodista Cristina Fallarás en el gratuito ADN. Coincido con Cristina en que a los ciudadanos nos interesa la política. Y en su diagnosis de que a quienes sólo les interesa para sus propios fines es a la mayor parte de los políticos. Muchos ciudadanos hemos venido percibiendo esta ceguera de la clase política que Cristina denuncia. Y esta ceguera ha sido, en gran medida, la causa del nacimiento de un partido como Ciutadans – Partido de la Ciudadanía, que previsiblemente presentará la candidatura al Congreso de Albert Rivera, un político de nuevo cuño, sin complejos y sin pelos en la lengua, que a muchos les da «la sensación de que cree en lo que dice y de que aquello en lo que cree está por encima del número de votos-robot que reciba».
Entretanto, seguimos en un país que seguirá adelante, apoyado en ciudadanos anónimos y pese a la, con frecuencia, nefasta labor de algunos políticos ciegos.
Matías Alonso