Parece que nada cambia
Estos días se están publicando dos encuestas electorales que anuncian posibles tablas entre PSOE y PP tras los próximos comicios generales del 9 de marzo. Y es probable que así sea. Luego, tras los comicios, quedaremos nuevamente expuestos a los pactos, en los que, también previsiblemente, la bisagra será nacionalista. Así las cosas, independientemente de quien sea la fuerza más votada, lo más probable es que tengamos Z para (al menos otro) rato.
Y no nos puede extrañar. Basta con leer hoy en El Mundo que, pese a que el PP puede ganar diputados hasta en 9 comunidades, el mismo número en las que perdería el PSOE, en Cataluña, una de las comunidades en que los ciudadanos más han sufrido, en carne propia, la poca solvencia del actual Gobierno (de España), Zapatero no paga la factura del AVE.
No sorprende. Estamos acostumbrados a ver, por encima de cualquier otra consideración, la fidelidad a las siglas partidarias. Aunque este comportamiento obligue, en ocasiones, a abdicar de propios convencimientos. A veces, sube la abstención. Pero no siempre el hastío provoca que el votante se quede en casa.
Así que, una vez más, los dos grandes partidos se presentarán ante los electores propugnando el cambio, pero al final nada cambiará. Los electores no sabremos aplicar, en las urnas, el cambio que se propugne desde las candidaturas y, al final, la llave volverá a ser nacionalista. Por ciero, cada vez más, con tintes separatistas.
Matías Alonso