1-N: Se acerca la hora…
Los ciudadanos de Cataluña seremos llamados a las urnas el próximo 1 de noviembre para elegir a nuestros representantes en el Parlament, y renovar así el gobierno de la Generalitat. Se acerca la hora de pedir responsabilidades y de dejar claro a la clase política dominante que la clase ciudadana ya empieza a estar harta.
Si sabemos escuchar vemos que todo sigue igual: CiU aspira a gobernar con ERC, forzándola a demostrar su ultranacionalismo en una emulación constante, curiosamente desde posturas ideológicas supuestamente alejadas. En realidad, a ambas formaciones sólo les mueve su amor por la poltrona y por mantener los privilegios que les da el ejercicio del poder. Para conseguirlo, se les llena la boca de identidad nacional.
ERC sigue haciéndose querer, y no descarta cumplir el anhelo explícito del PSC e ICV, que pretenden reeditar el tripartito. Entretanto, el PPC sigue dando palos de ciego y ofrece un imposible pacto a CiU, que ni lo quiere ni en modo alguno lo puede aceptar. Al fin y al cabo, la estrategia de todos los demás partidos tradicionales en Cataluña, llevada a la práctica también en los órganos parlamentarios de España, consiste en aislar y asfixiar al PP, vista la rentabilidad que esta política les reporta en los procesos electorales.
En todas estas formaciones políticas, poco talante y muchas ganas de mantener sus cuotas de poder. Entretanto, el ciudadano sigue huérfano de la tutela real de los poderes públicos, más preocupados de sus propios intereses que de los de sus administrados.
Mas insiste en que «es hora de governar bé» y plantea la disyuntiva ERCPSCPSOEICV vs CiU. Los «fets, no paraules» de los que alardea Montilla dejan claro que cualquiera que sea la opción a la hora de mezclar todas esas siglas, se seguirá sin gobernar bien. Los sucesivos gobiernos que todas esas siglas representan lo han demostrado con creces.
Carod insiste en que ERC es la única alternativa catalanista y de izquierdas. Son curiosas ambas etiquetas, ya que su catalanismo no es más que el más rancio de los nacionalismos decimonónicos y su supuesto progresismo izquierdista es imposible, por el mero hecho de ser ultranacionalista. ERC será cualquier cosa menos progresista, por lo que difícilmente el progreso de Cataluña estará vinculado al éxito de esta formación política.
Piqué sigue soñando con un pacto postelectoral imposible. Hace tiempo que el PP es el proscrito en el escenario político catalán, por lo quesu inclusión en cualquier posible pacto es una entelequia.
Saura espera pescar en río revuelto, para acto seguido ponerse a disposición del tan cacareado pacto «d’esquerres, catalanista i de progrés»: és l’home estàtic, la tristesa el té el cor pres…
Por fin se vislumbra una fuerza emergente, aglutinadora y realmente progresista, que hace bandera de su vocación de servicio a las personas, sin importar su condición y adscripción política. Ciutadans – Partit de la Ciutadania está dispuesto a demostrar, a través de sus candidatos y con su presidente Albert Rivera a la cabeza, que en Cataluña el verdadero progreso se escribirá con C. La presencia de Ciutadans en el Parlament es imprescindible para llevar la voz del ciudadano y nuestra realidad social, de una vez por todas, al corazón de la política catalana, y para romper con la dinámica de confrontación entre territorios (y por consiguiente entre ciudadanos de esos territorios) que ha servido de coartada a la acción política de los partidos que durante los últimos veinticinco años han estado gobernando en Cataluña.
Matías Alonso