Eureka
Tengo que reconocer que algunas personas, aunque tengan un grado elevado de previsibilidad, son capaces de sorprender con sus afirmaciones casi a diario. Dice La Gaceta de los Negocios que Zapatero «baja impuestos a ricos» mientras que el PP lo hace «a trabajadores». Puede hacerse esa lectura del anuncio del presidente del Gobierno de suprimir el impuesto sobre el patrimonio, casi un anacronismo español ajeno a gran parte de nuestro entorno comunitario. En cierta medida, es así: representa una rebaja impositiva sustancial para los que más tienen, siempre que no utilicen (como es habitual) instrumentos de ingeniería financiera que evitan la sobrecarga. Puede llamar la atención que Rodríguez Zapatero opte por rebajar impuestos, incidiendo en el área que le ha dejado libre Rajoy, aunque días atrás Esperanza Aguirre anunció una rebaja de ese impuesto en la Comunidad de Madrid. Pero lo que a mi me ha sorprendido ha sido el razonamiento presidencial que avala su anuncio: «Se pueden rebajar los impuestos y no disminuir los ingresos» ¿A quién le habíamos oído esto?
Pero sin duda la afirmación más sorprendente en las últimas horas ha sido la que ha utilizado nuestro presidente para quitar hierro al Informe Pisa sobre educación en la OCDE: «Hemos tenido muchas generaciones en España con bajo rendimiento (educativo) fruto del país que teníamos» ¿Les parece poco concreto? Para nada. Se ha identificado la causa, completamente ajena a nuestra voluntad (la del Gobierno) y, por supuesto, en la que no tenemos (tienen) responsabilidad alguna: «Lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres, junto a la que recibe del sistema educativo». La culpa es de los padres, pobres tontos ignorantes, incapaces de transmitir conocimientos a sus retoños. Se hace de paso un llamamiento a relativizar los datos, incidiendo en el hecho de que el punto de partida es diverso: «Deberíamos hacer justicia con nuestro país, porque todos los sistemas educativos han de ser analizados en función de la evolución y de dónde ha partido cada uno» ¡El que no se consuela es porque no quiere!
Queridos papás, tenerlo claro: El Gobierno de España no sólo no puede conducir por vosotros; tampoco puede mejorar la educación de vuestros hijos, sujetos como están a la mala influencia de vuestra incultura y de vuestra dejadez consustancial. Poco tiene que ver en ello el desconocimiento y la desidia con la que algunos ejecutivos y legislativos han contemplado durante décadas las versiones diversas en que se articula nuestra enseñanza primaria y secundaria. Por poner sólo un ejemplo: no ha sido hasta esta legislatura, y a iniciativa de un recién llegado como es Ciutadans – Partido de la Ciudadanía, que el Parlament de Catalunya se ha dado por aludido de la existencia de un problema que afecta a miles de niños y adolescentes en nuestro país, como es el Trastorno del Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), y que es causa directa de una parte importante del fracaso escolar en la pubertad.
Podemos seguir, tranquilos y sosegados, esperando un nuevo ¡eureka! del prestidigitador de turno. O, como decimos aquí, «posar fil a l’agulla» el próximo 9 de marzo y pedir cuentas a todo aquel que tenga que darlas.
Matías Alonso