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¿Réquiem por el cuarto poder?

Durante los últimos seis años la vida política catalana ha venido convirtiéndose, paulatinamente, en una antología del disparate. La constitución del primer gobierno tripartito, autodenominado catalanista y de izquierdas, dio al traste con la victoria electoral de Convergència i Unió (CiU). El acuerdo de gobierno se sustentaba en el Pacto del Tinell, suscrito en diciembre de 2003, que pese a plantear algunos objetivos loables no podía ocultar su profundo sectarismo, dando pie a lo que algunos llamaron el “cordón sanitario”. Este primer paso sectario, propugnado por el partido del que se esperaba el cambio de rumbo que exigía la deriva nacionalista y conservadora del pujolismo tardío, fue el primero de los fiascos con los que nos obsequió el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), sucursal catalana del PSOE, en el que parecía mandar Pascual Maragall.

Este pacto de gobierno en la comunidad autónoma catalana centró sus esfuerzos de legislatura en la elaboración de un nuevo estatuto de autonomía, a pesar de que sólo una escueta minoría de la ciudadanía catalana lo creía necesario. El texto final fue aprobado por las cámaras legislativas catalana y española, y refrendado por los ciudadanos de Cataluña con un índice de participación que hizo que la aprobación efectiva, aunque claramente mayoritaria entre los participantes, ni siquiera alcanzara el 40% del censo convocado.

Transcurridos tres largos años desde su aprobación y subsiguiente entrada en vigor, y tras la aprobación de varias normas legales amparadas por el nuevo texto estatutario, el Estatut de Catalunya está pendiente de la resolución del Tribunal Constitucional (TC). El alto tribunal tiene encomendada, entre otras, la función de velar por la constitucionalidad de cuantas leyes y disposiciones con fuerza de ley sean sometidas legítimamente, con arreglo a la Constitución Española, a recurso de inconstitucionalidad. Este ha sido el caso del Estatut de Catalunya.

Desde los focos de poder político radicados en Cataluña se ha intentado, sistemáticamente, presionar al TC para obtener una sentencia favorable a sus intereses. Con mucha frecuencia esta presión se ha basado en la deslegitimación. La única defensa que se puede hacer del TC es la de reconocerle sus atribuciones constitucionales. No cabe duda que ha transcurrido un plazo más que prudencial para haber dictado sentencia. No es menos cierto que en todo momento el TC ha estado sometido a presiones inaceptables, algunas de ellas generadas por miembros destacados de los gobiernos de España y de la Generalitat. Nada nuevo en el escenario político. Ya estamos acostumbrados a la esgrima de salón que combate dialécticamente la división de poderes que rige nuestro ordenamiento constitucional.

Sin embargo, el 26 de noviembre de 2009 nos ha traído un nuevo disparate en este galimatías en que se ha convertido la puesta de largo del Estatuto de Cataluña aprobado en 2006: las doce principales cabeceras de la prensa escrita catalana han unido sus voces en un editorial único, coincidente con la voz de su amo en deslegitimar al TC bajo la apelación a la dignidad de Cataluña. No parece que ponerse de acuerdo en reforzar las tesis de quien te asea las cuentas de resultados, por la vía de la subvención, sea un ejercicio específico de dignidad profesional. En todo caso, la dignidad exigible es la institucional, en el caso de Cataluña, y la personal, en el caso de sus ciudadanos. Y el editorial unificado no está precisamente al servicio de ninguna de las dos.

La pregunta que cabe plantearse, ante el disparate consumado en Cataluña hoy 26 de noviembre de 2009, es si este editorial uniforme será también la partitura del réquiem por el que debería ser el cuarto poder.

Matías Alonso

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Nombre: Matías

4 comentarios en «¿Réquiem por el cuarto poder?»

  • Com a ciutadà de Catalunya considero que avui és un dels dies més tristos de la història de la democràcia. La premsa «seriosa» unida a la premsa antisistema pressionant al més alt Tribunal del País

  • Que és el que esta tant malament???criticar l’actitud del TC???no estem en democràcia???o és que només pel fet de que sigui el TC, ho fa tot super bé???disparat???disparat, és callar, però es clar, és el que esteu acostumats i ja estem fars de ser insultats, menyspreats, criticats…………sortirem al carrer i Europa sencera, sabrà que fa Espanya!!

  • Sí, sí, presionando al Tribunal , pero le presionan porque están comprados, presionan para no quedarse sin nuestro dinero, sin el dinero de las subvenciones que reciben de la Generalitat, un dinero que sale de nuestros impuestos.

    Resulta que les pagamos para que en vez de información veraz y objetiva, la prensa nos dé mítines nazionalistas.

  • – Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, por el que se aprueba el Texto Articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial:

    http://www.porticolegal.com/pa_ley.php?ref=422

    El artículo 56 se encuentra en el Capitulo III, Aparatado único

    ¿Quién multa a la Generalitat?

    Las normas han de ser para todos.

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