Unidad y firmeza en la lucha
Los dos partidos mayoritarios del arco parlamentario español, PSOE y PP, están obligados a entenderse en lo fundamental. Y lo han hecho durante años. Sin embargo, desde la victoria socialista en las elecciones de marzo de 2004, celebradas en un ambiente de crispación y con la sociedad convulsionada por el execrable atentado múltiple de los trenes del corredor del Henares, la división y la inquina es cada vez más insoportable.
Muchos ciudadanos, tal vez el 75% que anuncia hoy La Razón, piensan en estos momentos que, tras el atentado de ETA en Barajas, se debería haber roto la negociación y los contactos con la banda y Batasuna. Yo también lo creo así. Y espero que el presidente del Gobierno anuncie mañana que el nuevo rumbo de su política antiterrorista no contempla, en modo alguno, la negociación con quienes han demostrado, desde hace ya mucho (demasiado) tiempo, que no están dispuestos a deponer su actitud criminal ni a abandonar las armas a ningún precio.
La sociedad española no puede desarmarse. El ejecutivo tiene la responsabilidad de mantener la guardia alta. La oposición debe ser responsable e inteligente. No son de recibo ni la soberbia de algunos miembros del Gobierno, con su presidente y su vicepresidenta a la cabeza, ni el atolondramiento de los principales dirigentes de la oposición, que han preferido no sumarse a la manifestación de Madrid, pese a que su postura ha servido, sobre todo, para ratificar en muchos la impresión de que prima el interés partidista sobre el interés ciudadano.
Creo que no todo está perdido. Pero para ello es imprescindible la unidad en esta cuestión, de vital importancia para España y para los españoles. Rodríguez Zapatero debe dejar de sembrar la división. Rajoy tiene que esforzarse en no entrar al trapo en lo accesorio y forzar el entendimiento en lo fundamental. El resto de las fuerzas políticas democráticas deben exigir a ambos unidad por encima de banderías, abandonando a la vez las suyas. Todos deben estar dispuestos a derrotar a una banda criminal que sin posturas ambiguas y, frecuentemente, impregnadas de buenismo, podría estar derrotada a estas alturas o, cuando menos, tan debilitada que no existiera en la sociedad española el convencimiento, que hoy se tiene, de que volverán a atentar.
Unidad y firmeza en la lucha. Es el deber de los políticos empeñarse en conseguirlo. Es el derecho de los ciudadanos exigirles que lo consigan.
Matías Alonso
Posted: Enero 14th, 2007 under Uncategorized.
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