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Tsunami en el estanque

Los últimos días han sido intensos. La publicación, bajo el título The party’s over, del extenso informe sobre España del prestigioso semanario The Economist y de forma especial el capítulo How much is enough? elaborado por Michael Reid ha traído a primer plano de la actualidad lo que muchos venimos denunciando desde hace años en España, y muy especialmente desde Cataluña. Como de costumbre, describir la realidad se ha convertido para el Govern de la Generalitat, nuestro inefable tripartito, en un ataque contra Cataluña. El intento de matar al mensajero ha sido inmediato. Pero el mensajero está fuera de su alcance: es británico y de prestigio.

La realidad catalana la hemos vuelto a disfrutar, en las carnes de un grupo de ciudadanos libres que, en el transcurso de una manifestación que algunos han proclamado sin incidentes, convocada en oposición a la futura (por poco tiempo, ante la prisa del conseller Maragall por aprobarla) Ley de Educación de Cataluña, han visto su razón zarandeada bajo la ira de una turba de descerebrados, aleccionados hábilmente por el régimen a lo largo de su corta vida y que han hecho del acoso a las libertades su entretenimiento favorito. Todo ello sin intervención alguna, ni del servicio de orden de la propia manifestación, a cuyos miembros, pertenecientes al sindicato USTEC-TEs, ni se les vio, ni de las fuerzas de orden público, encarnadas por los Mossos d’Esquadra del conseller Saura.

Llama la atención que los fascistas, autoetiquetados como progresistas y de izquierda, berreen a modo de insulto su propio nombre. Clama al cielo que quienes practican la coacción violenta, quienes en cuanto tienen ocasión vitorean y ensalzan a los terroristas asesinos que están intentando imponer su dictadura de terror a toda España desde hace ya cuatro décadas (¡cómo pasa el tiempo!), tilden de terroristas a los demócratas que se mantienen a pie firme en defensa de la libertad. Ni una linea he sido capaz de encontrar, en el ámbito político catalán (en el oficialmente catalán, el del oasis), que condene la violencia padecida por este grupo de ciudadanos el pasado jueves, 13 de noviembre, en pleno centro de la capital de Cataluña.

Entretanto, para acabar bien la semana, tras la pedrada recibida por ¡un cristal! en el edificio en que radica el Consorci de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), cuya actitud censora, a sueldo y a favor del nuevo régimen catalán, ha sido denunciada abiertamente por Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía (C’s), el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) asocia directamente el ataque a la convocatoria de manifestación anunciada por C’s a la puerta del CAC para el próximo sábado, 22 de noviembre a las 12 horas, solicitando unilateralmente a C’s que la desconvoque sin haber hecho ni siquiera la más leve referencia de condena a las agresiones sufridas el día anterior por sus militantes ¡Un nuevo colmo de desfachatez!

Para calmar las aguas, el máximo representante institucional del Estado español en Cataluña, que no es otro que el president José Montilla, a la vista de que todo es gratis se toma la libertad de poner en un brete (otro más, desde Cataluña) a la diplomacia española, al insultar con absoluto desparpajo al presidente George W. Bush, máximo dirigente de un país aliado y, supuestamente, amigo. Es posible que sea lícito pensar lo que Montilla dice. Es seguro que un representante del Estado se descalifica por sí solo al hacerlo explícito.

Puede que ambas cosas, el comunicado del PSC y la incontinencia verbal de su máximo dirigente, sean consecuencia de lo que ya se ve venir: el tsunami en el estanque que romperá la calma de las aguas del oasis.

Matías Alonso

Comments

Comment from Ferry
Time: 21 November 2008, 9:30 pm

Tan pronto tuve notícia de la publicación en “The Economist” de un especial sobre España, corri a un quiosco de las Ramblas para comprarlo.

Parece increible que tengamos que acudir a publicaciones extranjeras para saber lo que pasa en nuestro país. Es triste reconocerlo, pero la prensa local ya no me inspira confiaza, pues casi toda ella está al servicio del poder o bien se aplana a éste para acceder a subvenciones con las que les tapan la boca.

De un tiempo para aquí, y siempre que hay una noticia importante, me he acostumbrado a comprar prensa extranjera. A veces el “Financial Times”, a veces “Le Monde”. Es triste, pero es la mejor manera de tener una información imparcial.

Y es que las cosas en el Estanque estan muy mal. Sus aguas estan putrefactas. Y, lo peor, es que se creen en la posesión de la verdad y que son los columnistas de “The Economist” los que ven la realidad tergiversada.
¡Que pena de país!.
Como dice “The Economist”, The party is over!!!

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