Misiones humanitarias en precario
A nadie se le escapa que la profesión militar entraña un riesgo, se ejerza donde se ejerza. Lógicamente, la mayoría de los riesgos se asumen a priori por quienes sienten la llamada de las armas. Desde la entrada de España en la estructura militar de la OTAN, nuestras fuerzas armadas vienen desempeñando misiones en el extranjero, de carácter diverso, algunas de las cuales pasan prácticamente desapercibidas para la opinión pública. Por lo general, estas misiones sólo saltan al primer plano de la información cuando se producen bajas en nuestros efectivos. Actualmente la misión de mayor riesgo para nuestras tropas es, sin duda, la de Afganistán, en la que nuestros soldados, pese a no estar empeñados directamente en los combates que vienen produciéndose desde hace ya siete años, han sufrido el mayor número de bajas asociado a estas misiones. La de Afganistán, además, ha pasado de ser considerada humanitaria y de reconstrucción a ser reconocida explícitamente como de guerra, eso sí, siempre bajo el paraguas de Naciones Unidas.
Pero una de las misiones de las fuerzas armadas españolas que nos ha pasado prácticamente desapercibida ha sido la encomendada al general de División Vicente Díaz de Villegas, que ha estado al mando de la Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUC) hasta el pasado 27 de octubre, en que dimitió de su cargo alegando motivos personales. No cabe duda de que esta misión es una más de las que pueden considerarse de alto riesgo, dada la situación convulsa del país africano. Tampoco puede pasar desapercibido el hecho de que en ese tipo de conflictos, en los que se producen agresiones genocidas con motivación tribal, los mayores riesgos los corren los civiles, que siempre llevan la peor parte.
Sin duda la MONUC es una misión de enorme importancia que está pasando por unos momentos críticos derivados de la evolución del conflicto. Y llama la atención que un general del Ejército Español, obligado por las ordenanzas militares a tener “el constante deseo de ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga”, dimita de su cargo, haga su petate y vuelva a casa sin más. Cabe pensar que, tras este gesto, hay algo más. La MONUC es la mayor de las misiones de Naciones Unidas en el mundo, contando con más de 18.000 efectivos militares de casi una veintena de países, y ejercer el mando del contingente es tanto una gran responsabilidad como un honor deseable para cualquier oficial general de nuestras fuerzas armadas. Y hay que pensar que el general Díaz de Villegas ejercía el mando asumiendo plenamente su responsabilidad.
Tras la dimisión probablemente se esconda tanto la falta de medios adecuados para el cumplimiento de la misión, algo lamentablemente frecuente en misiones que dependen de Naciones Unidas, como la imposibilidad de imponer un mínimo de orden, no sólo en el contingente heterodoxo sino también en la caótica situación que atraviesa la República Democrática del Congo, donde cada día que pasa la vida de sus nacionales pierde valor a pasos agigantados.
Cabe pensar, pues, que el gesto del general Díaz de Villegas se corresponde con el típico puñetazo encima de la mesa, planteándole al responsable de la misión, Naciones Unidas, que las condiciones de trabajo son inasumibles y que la misión encomendada, en los términos que se desarrolla, es irrealizable. Son misiones humanitarias en precario.
Matías Alonso
Posted: November 19th, 2008 under Política y ciudadanos.
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