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Impunidad y maquillaje

Las mafias criminales aspiran, siempre por la vía de la coacción violenta, a obtener la impunidad de sus actos. Si los poderes del Estado ceden y la sociedad se amolda a sus dictados, se limitarán a ejecutar los crímenes que les permitan mantener a pleno rendimiento su actividad económica y sus cuotas de poder. Si por el contrario las autoridades encargadas de hacer imperar el Estado de derecho se enfrentan decididamente a su actuación, las mafias hacen ostensible su rechazo haciéndose eco de la declaración de guerra que representa que el conjunto de la sociedad no se pliegue a sus exigencias y activando al máximo su actividad criminal.

La mafia etarra no es una excepción. En los últimos años, tras una época claramente recesiva que tenía a la organización terrorista prácticamente contra las cuerdas, diferentes agentes políticos de la sociedad española, entre los que se encuentran importantes miembros del PSOE de Zapatero y del PNV gobernante en la comunidad autónoma vasca, han optado por la política de la claudicación, aunque fuera aparente, para intentar amansar a la fiera. Pero la fiera necesita la violencia y, en cualquier caso, exige la plena impunidad para sus actos. Este hecho, siempre repetido por las organizaciones mafiosas que se precien, no debería haber pasado desapercibido a personalidades con tan altas responsabilidades de Estado.

Es el momento de cambiar de política, de forma decidida y firme, y volver a plantear con claridad que la única vía que permitirá acabar con la organización terrorista vasca no es otra que la estrategia de la derrota de ETA. Derrota que debe ser no sólo policial y jurídica, sino también social. El gobierno de España y, en todo lo que le concierne, el de la comunidad autónoma vasca, deben poner todos los medios a trabajar para conseguir que esa estrategia sea eficaz y que, de una vez por todas, desaparezca la lacra terrorista que nos tiñe de luto desde hace tantos años. No es el momento de maquillar. Es tiempo de actuar y de no cejar en el empeño.

Pero nuestros políticos son expertos en maquillaje. Hoy hay que lamentar nuevas víctimas entre el contingente de soldados españoles destacados en Afganistán, durante el desarrollo de operaciones de la que se ha dado en llamar misión de paz, en un país con más de dos décadas de guerra y sin una estructura política y social que permita garantizar su viabilidad como Estado. El balance indica tres muertos (dos soldados españoles y su intérprete iraní), tres heridos graves y otros tres leves. Se trata, sin ningún género de dudas, de una acción de guerra, en un país lejano que está en guerra consigo mismo y, desde una de las facciones en lucha cuando menos, contra toda la civilización occidental de raíz judeocristiana, civilización esta que les es totalmente ajena.

Ante hechos como este, sucedan donde sucedan, de momento se sigue aplicando la política del maquillaje, que pasa por negar la existencia de una guerra y por plantear, cada vez en foros menos representativos, la inaplazable Alianza de Civilizaciones. Mientras tanto, nuestros soldados siguen desarrollando sus misiones en un ambiente hostil sin unos medios suficientes.

Pero en política se maquilla todo. En Barcelona dos políticos de pro, el conseller de Política Territorial y Obras Públicas, Joaquim Nadal, y el alcalde de la ciudad, Jordi Hereu, ambos del PSC, han mandado maquillar durante las dos últimas semanas un importante derrumbe inoportuno del último muro de un túnel de la nueva línea 9 del metro, para poderse hacer, así, la imprescindible foto electoralista. En este caso, como en muchos otros, no importa lo más mínimo el coste de la operación. Lo importante, lo único importante, es salir favorecidos en la foto.

Sigue siendo imprescindible erradicar esta forma de hacer política, que atenta directamente contra los verdaderos intereses de los ciudadanos. Es hora ya de conseguir acabar con la impunidad y desenmascarar a quienes se ocultan tras un simple maquillaje.

Matías Alonso

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