Ciutadans, segundo congreso
Este último fin de semana se ha celebrado en L’Hospitalet de Llobregat el segundo congreso de Ciutadans - Partido de la Ciudadanía. Con la presencia de casi 500 delegados, venidos de toda España en representación de la militancia del partido, el congreso se presentaba incierto, con una división aparente en las bases y que algunos delegados querían que se hiciera patente.
Quien haya seguido la evolución de este joven partido desde su nacimiento en Bellaterra, hace ahora casi un año, el 9 de julio de 2006, puede saber de lo que estoy hablando. El congreso fundacional fue un congreso difícil, sobre todo en lo referente al ideario del partido, ya que se percibía la pretensión de algunos de llevar el ascua a su sardina en cuanto a la definición ideológica, de espaldas al pragmatismo y a la transversalidad que había dado origen a la avalancha de ciudadanos que, en los escasos trece meses anteriores al congreso, había recibido la asociación Ciutadans de Catalunya. El partido se definió como liberal progresista y socialista democrático. Pero el primer congreso estuvo a punto de ser convulso en la elección de la cúpula ejecutiva, que se produjo por el sistema de listas cerradas entre una candidatura a la que podríamos llamar oficialista, nacida de una ardua negociación, y otra candidatura cuya alternativa era más testimonial que real. La ejecutiva elegida era fruto de un consenso forzado, y su labor estuvo siempre lastrada por una realidad incuestionable: no se trataba de un equipo, pese a que su presidente aspirara a que lo fuese en su compromiso ante el plenario de la asamblea.
También se ha podido seguir, con frecuencia a través de los medios de comunicación, la división existente en el seno del Consejo General nacido del primer congreso. Este máximo órgano de representación de la militancia ha estado hipotecado por una lucha faccionaria, falsamente cargada de tintes ideológicos, que se podía percibir como una simple lucha por el poder en el seno del partido. El máximo órgano se convirtió en cierta forma en el máximo lastre. Hemos podido ver un acoso y derribo del secretario general, que ha sido sometido a dos mociones de censura. Pero no hemos podido ver, apenas, verdadero trabajo político con trascendencia para la ciudadanía.
El espejismo de las elecciones autonómicas del 1-N, con el éxito clamoroso de la candidatura por Barcelona, ha devenido en un continuo deterioro de la imagen del partido, para la militancia que veía con perplejidad la división y el anquilosamiento imperantes, y para los simpatizantes que percibían que sus esperanzas de una verdadera renovación en la acción política generada por el nuevo partido se estaba diluyendo en luchas intestinas. Esto ha desembocado, el 27-M, en un fracaso relativo de Ciutadans, sobre todo en las elecciones municipales catalanas.
En este contexto, el segundo congreso se ha centrado en la aprobación de un nuevo ideario, que si bien reconoce que Ciutadans - Partido de la Ciudadanía tiene su origen en la constatada necesidad de cubrir, en el ámbito de Cataluña, un espacio de centro-izquierda no nacionalista que estaba vacío por la decantación del PSC hacia el nacionalismo, sigue reafirmando el carácter transversal de Ciudadanos, dispuesto a aglutinar lo mejor del liberalismo progresista y de la socialdemocracia y a constituirse en una fuerza de consenso en el ámbito de la política española, que cada vez se percibe más necesaria ante la división sectaria propugnada por los dos principales partidos, que están dispuestos, además, a hipotecar el futuro de todos a los designios de unos pocos mediante pactos que no tienen más finalidad que asegurar cuotas de poder, sin pensar en las verdaderas necesidades de la ciudadanía.
El segundo foco de interés congresual, que ha dado origen a largos debates y a reñidas votaciones, ha sido el sistema estatutario de elección de los órganos de representación y dirección del partido. La dicotomía se centraba en la elección del Comité Ejecutivo, con dos visiones contrapuestas: sistema de listas cerradas, el hasta ahora vigente, o sistema de listas abiertas, quizás más acorde a un partido que se presenta ante sus electores como el partido de las listas abiertas. El sábado, a última hora de la noche, el grupo de trabajo de estatutos decidió, por un estrecho margen, que el sistema propuesto por la ponencia de listas cerradas se mantuviese. Pero la escasa diferencia de votos hacía conveniente someter la decisión final al plenario del congreso. El domingo por la mañana el plenario decidió, también por un escaso margen, que la elección del Comité Ejecutivo se hiciese por el sistema de listas abiertas, si bien se introdujo una variante respecto al resto de las elecciones internas, en cuanto a que se elegiría directamente y de forma individualizada a los principales componentes de la ejecutiva y que todos los delegados podrían votar a un número de candidatos igual al número a elegir en cada una de las categorías: presidente, secretario general, secretarios y vocales.
Cerrado el plazo de presentación de candidaturas, a primera hora de la tarde, sólo dos de ellas optaban a la totalidad de los puestos del Comité Ejecutivo. La que podríamos llamar oficialista, encabezada por Albert Rivera y con Manel García Bofill como candidato a la secretaría general, y la opositora que encabezaba Luis Bouza-Brey y que tenía como segundo en la jerarquía a Clemente Polo, ponente del ideario fundacional junto con Bouza-Brey. Pero en esta fase de presentación y proclamación de candidaturas se había producido un hecho relevante: dos miembros de la candidatura opositora, Inés Villanueva y Vicente Serrano, se habían escindido de la misma y habían intentado presentar una nueva candidatura que aglutinara a la corriente izquierdista del partido. Su intento fue baldío y ambos abandonaron a su suerte a Luis Bouza-Brey y su candidatura de regeneración democrática (según su propia etiqueta) presentada bajo el nombre de Proyecto Ciutadans.
Este hecho, unido a algunas muestras de escasa tolerancia por algunos de los delegados que apoyaban la lista alternativa y a la consistencia argumental de la propuesta vista como oficialista de Albert Rivera, quien en todo momento había dejado claro que su aceptación al cargo de presidente del Comité Ejecutivo quedaba supeditada a la elección por parte de la asamblea de un equipo de su confianza, el que se presentaba bajo la denominación de Unidos por un Proyecto, ha dado lugar a una clamorosa proclamación de esta candidatura, que ha copado el 100% de los puestos de la ejecutiva.
Ahora, tras el triunfo de la democracia interna, sólo queda trabajar, hacer política y recuperar la unidad de los militantes y la ilusión de los simpatizantes y de todos los ciudadanos que no se ven representados por los partidos políticos que hasta ahora venían copando la oferta electoral. Queda mucho por hacer y ya no caben excusas.
¡Pueden y deben hacerlo!
Matías Alonso
Posted: Julio 3rd, 2007 under Política y ciudadanos.
Comments: 2
Comments
Comment from Nico
Time: 04 Julio 2007, 1:40 pm
Creo que es interesante el artículo que escribe en su blog Carlos Martinez Gorriarán, que publica desde el lunes sobre ideologías y lo superado del debate derecha-izquierda. En http://www.bastaya.org/www2/portada.php
Comment from Rafa
Time: 08 Septiembre 2007, 9:12 am
Ciutadans/Ciudadanos + Unidad, Progreso y Democracia = LA AUTÉNTICA TERCERA VÍA EN LA ESPAÑA ACTUAL.

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